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VENGA la vivienda popular…
SIEMPRE y cuando no cueste mucho…
LA Cámara Mexicana de la Industria de la Construcción detectó hace algunas semanas, alzas al precio en el acero, el cemento, la arena, los tabiques y los blocks para construir el cuartito deseado, o la casita que ya se veía blanquear en los sueños de un obrero…
SI usted, amable lector, busca una vivienda popular, para los precios de ahora, ni se le ocurra decir que es obrero porque no se la venden, si lo menos que tiene es solvencia para pagarla…
LA inflación parece ser sólo un número registrado en el Inegi, esa oficina de recuento de datos que puede generar sus reportes con algunos meses de retraso, tardando más que los contadores de las empresas en revisar sus facturas en tiempo real, para mostrar los números espeluznantes de lo que cuesta una casita popular, la que ya quisiera un joven trabajador de la industria, para vivir y formar su bonita familia…
A este paso, con casas que superan el millón de pesos, los obreros no tardan en ser expulsados de la lista de precalificación para el Infonavit, por aquello de que los sueldos suben, pero la competencia por el alza de precios va más rápido que la carrera armamentista…
Y es que trabajar como obrero, es una condición que a veces llega a la cabeza tan tarde que aquellos chicos que ganan poco pero se pelean por un político, tarde o temprano se dan cuenta que ese político habrá conseguido una chamba en la que gana millones mientras ellos no comen si no trabajan…
“¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?”, decía el célebre Chava Flores, en los tiempos del partido hegemónico del siglo XX, ese que podría volver a serlo, solo si la dirigencia se pone las pilas y no pesa más la camioneta que la lealtad al tricolor…
TANTOS golazos que nos ha metido la economía, el petróleo y los combustibles suben, la luz y el agua también, por supuesto la malla soldada y los ladrillos, también la grava y la arena, y todo lo que pasa, está causando estragos en los simples mortales, los trabajadores que quieren cotmprar casa…
SON los trabajadores que a las 5:40 de la mañana esperan el camión de transporte de personal, checan a su hora de entrada obligada y no cobran como los políticos en año electoral, pero tampoco son los futbolistas millonarios que tanto admiran, ni los reguetoneros de esos que parece que no se beneficiaron del ácido fólico y ganan lingotes de oro, ni los Julios César Chávez que facturan en dólares cada gancho al hígado…
Y es que solo a los gringos y a los de medio oriente se les ocurre pelearse ahorita, justo cuando pegar la cabeza en la almohada es el sinónimo de soñar con una casa nueva, una escritura entregada por un notario bien trajeado y dos o tres chilpayates jugando entre las habitaciones, cuando “¡pop!”, la burbujita del sueño se reventó y en la bolsa no hay ni para comprar el billete de lotería y hacerse las ilusiones de que es el ganador…
POSDATA: Y a propósito de tirarle un sueño, hace algunos días, el presidente Nacional de Coparmex nos contó al oído que la economía ni siquiera creció en 2025. Si no aumentan las exportaciones ni los clientes en las calles de México, es una obviedad que tampoco habrá utilidades. “¿A que le tiras cuando sueñas, mexicano?”, es otra vez la frase que nos hace despertar sobre aquella jugarreta del destino que nos quitó clientes fuera del país y dejó a los obreros que ya se veían con muchas utilidades, nada más vestidos y alborotados.
REMATE: Mientras el mundo vivió retrasos en la importación de materias primas para la fabricación de cosas, que en sus procesos daba trabajo en los obreros, aquí vivimos la crisis de operadores de camiones urbanos, por aquello de que abundan los que buscan trabajo rogando a Dios no encontrarlo. Hay vacantes en las rutas y nuestros queridos camioneros deben traer varados más o menos cuatrocientos camiones, porque nadie se anima.
