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COBACH falló donde no podía fallar: en proteger a una alumna.
NO hay declaración institucional que alcance para suavizar eso. La Comisión Estatal de Derechos Humanos documentó un caso grave, ocurrido desde finales de 2023, en el que una estudiante denunció conductas indebidas y señalamientos muy delicados contra maestros de dos planteles.
PRIMERO fue el plantel 01 de Soledad. Ahí, según la recomendación 01/2026 de la CEDH, la alumna denunció mensajes incómodos por WhatsApp, insinuaciones y material enviado por un docente del área técnica.
DESPUÉS vino un cambio de plantel, como si la salida tuviera que buscarla ella y no la institución frenar el problema desde el principio. Pero en el plantel 02 del Colegio de Bachilleres, lejos de encontrar un espacio seguro, la situación volvió a complicarse.
EL expediente refiere otro señalamiento por contacto físico indebido y comentarios relacionados con lo que la alumna ya había vivido.
LUEGO, la joven habría pedido apoyo a un tercer docente y el caso escaló a hechos todavía más graves, también documentados por Derechos Humanos. Ese es el contexto que Cobach no puede reducir a “cumplimiento”.
PORQUE una cosa es aceptar una recomendación y otra muy distinta es explicar por qué una alumna tuvo que pasar por todo eso dentro de una institución educativa.
SEGÚN la CEDH, además, no hubo evidencia suficiente de reparación del daño ni de atención psicológica para la víctima, y se detectó un escrito irregular con el que se pretendía “salvar” a uno de los señalados.
AHORA Cobach dice que el asunto tiene tres años, que ya fue resuelto por la CEDH y que se encuentra en etapa de cumplimiento. Pero eso no cierra la discusión. La abre más.
PORQUE si el caso es viejo, entonces las preguntas son: ¿por qué hasta ahora hay explicaciones públicas? ¿Qué pasó durante todo este tiempo? ¿Quién protegió a la alumna y quién protegió a la institución?
COBACH no enfrenta un simple golpe de imagen. Enfrenta una crisis de confianza. Porque una escuela no solo imparte clases: también debe cuidar. Y cuando una estudiante termina buscando auxilio fuera del plantel, algo se rompió mucho antes.
EN estos casos, cumplir con papeles no basta. Lo que se necesita es verdad, responsables y garantías reales para que ninguna alumna vuelva a sentirse sola frente a quienes debieron protegerla.
LOS maestros señalados deben ser investigados hasta las últimas consecuencias. Y los directivos que omitieron, minimizaron o permitieron que esto caminara así no pueden seguir escondidos detrás del escritorio.
EN una institución educativa, fallar en proteger a una alumna no es un error administrativo: es una vergüenza pública. Y ante una vergüenza así, lo mínimo sería separarse del cargo. No por cortesía política. Por decencia.
Y pasando del desastre institucional en Cobach a otro problema que también refleja cómo se empantanan las cosas en San Luis, aparece el caso del desnivel de El Saucito.
PORQUE mientras la ciudad sigue atrapada en tráfico, vueltas eternas y caos vial en la zona norte, una obra que podría aliviar buena parte del problema continúa detenida entre escritorios.
Y el tema pega más porque apenas hace unas semanas Enrique Galindo y Ricardo Gallardo aparecieron juntos, sonrientes y prometiendo coordinación para sacar adelante proyectos importantes para la capital, incluida esta obra. Pero una cosa es la foto política y otra que el aparato burocrático realmente camine.
AHORA Galindo asegura que el Ayuntamiento entregó desde marzo el expediente completo y que la Contraloría estatal sigue sin liberar el trámite para licitar. Entonces la duda es inevitable: si públicamente ya dijeron que sí, ¿por qué demonios administrativamente el proyecto sigue atorado?
