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Tel Aviv, Israel.- Oriente Medio se preparaba el domingo para una posible escalada en la violencia después de que las autoridades israelíes dijeran que un cohete procedente de Líbano había caído en una cancha de fútbol en los Altos del Golán, donde mató a 12 niños y adolescentes. El ejército lo describió como el ataque más letal contra civiles desde el 7 de octubre, y el suceso avivó el temor a una guerra regional más amplia entre Israel y Hezbollah, que negó estar implicada en el ataque.
El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, sopesaba opciones el domingo tras regresar apresuradamente de Estados Unidos, y afirmó que Hezbollah “pagará un alto precio por este ataque, uno que no ha pagado hasta ahora”. El gabinete de seguridad le autorizó a él y al ministro de Defensa, Yoav Gallant, a decidir cómo y cuándo responder.
El secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, declaró que “todo indica” que el cohete procedía de Hezbollah. El jefe del Estado Mayor israelí, teniente general Herzi Halevi, declaró que se había disparado un cohete Falaq de fabricación iraní con una ojiva de 53 kilogramos (117 libras) perteneciente a Hezbollah. El ataque del sábado se produjo en un momento en el que Israel y Hamás negocian una propuesta de cese el fuego para poner fin a los casi 10 meses de guerra en Gaza.
El sábado, un cohete cayó en una cancha de fútbol donde jugaban docenas de niños y adolescentes en la localidad drusa de Majdal Shams, unos 12 kilómetros al sur de Líbano y cerca de la frontera siria. Doce jóvenes murieron y otros 20 resultaron heridos, según el ejército israelí.
“Aquí no había pasado nada como esto”, dijo Anan Abu Saleh, residente de Majdal Shams, desde la cancha de fútbol el sábado por la noche. “No hay forma de explicar esto. Vi niños. No quiero decir lo que vi, pero es horrible, realmente horrible. Necesitamos más seguridad”. El domingo, los féretros pasaron entre una multitud de miles de personas.
