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EN el Congreso del Estado hay una pregunta incómoda que muchos prefieren tragarse: ¿hasta dónde llega la red familiar de quienes viven pegados al poder?
DOLORES Eliza García Román, “Lolita”, Oficial Mayor del Congreso, no es cualquier figura. Su cargo pesa. Su firma pesa. Su cercanía política pesa. Y por eso brinca el dato: sus hijos Fernando Bañuelos García y Raúl Bañuelos García también aparecen acomodados en el servicio público; uno en Soledad de Graciano Sánchez y otro en Gobierno del Estado.
CASUALIDAD, dirán. Perfil, dirán. Derecho al trabajo, dirán. Siempre hay una excusa bonita para tapar lo que el pueblo entiende sin tanta maroma: el que tiene padrino, se bautiza. Y si el padrino está cerca del presupuesto, hasta plaza consigue.
PORQUE el nepotismo ya no siempre se ve como antes, con toda la familia sentada en la misma oficina. Ahora se reparte mejor: uno por acá, otro por allá, otro tantito más lejos para que no huela tan fuerte. Pero aunque le echen perfume, sigue oliendo a influyentismo.
EL ciudadano común deja solicitudes, toca puertas, espera meses y casi siempre le dicen que no hay espacios. Pero para ciertos apellidos, ¡qué curioso!, siempre aparece una silla, una nómina, una oficina o aunque sea una “oportunidad”.
LUEGO salen a hablar de pueblo, de lealtad y de proyecto. Muy gallardistas en público, muy disciplinados en la foto, muy puestos para el aplauso. Pero por debajo, bien acomodativos. Porque una cosa es militar en un proyecto y otra usarlo como escalera familiar.
EL problema no es que los hijos trabajen. El problema es que el poder se esté volviendo patrimonio de familias que entran, cobran y se reparten el mapa como si fuera herencia.
LA pregunta es simple: ¿el gobernador y líder moral de la Gallardía sabe de estas cosas o se las hacen a sus espaldas? Porque de frente todos se dicen soldados del proyecto, pero por detrás varios parecen más ocupados en acomodar a los suyos.
Y ya que hablamos de acomodados y decisiones tomadas entre pocos, el camino nos lleva otra vez a Soledad de Graciano Sánchez, nuestro Chole de toda la vida, donde ahora el problema brincó hasta las escuelas… y apunta directamente a la SEGE.
PADRES de familia de la primaria Benito Juárez, en Hogares Ferrocarrileros Segunda Sección, terminaron afuera del plantel protestando porque les cambiaron a la directora sin avisarles absolutamente nada.
ASÍ, de un día para otro. Pero lo que encendió más el enojo fue la versión de que el director asignado presuntamente arrastra antecedentes de malos manejos administrativos y conflictos en otros planteles.
Y ahí viene la pregunta que nadie en la Secretaría de Educación quiere responder: si ya existían antecedentes y señalamientos, ¿por qué mandarlo precisamente a una primaria donde lo primero que debía existir era confianza?
PORQUE una escuela no es oficina de gobierno para andar moviendo piezas como si fueran muebles viejos. Ahí están los hijos de la gente. Ahí los padres quieren saber quién entra, quién sale y quién va a tomar decisiones sobre sus niños.
POSDATA. La pregunta es seria: ¿cuántas alumnas tienen que romperse antes de que una institución actúe? Lo del Cobach no puede quedarse bajo papeles administrativos ni disculpas de escritorio. Si la CEDH documentó acoso, abuso, omisiones y hasta intentos de exonerar a maestros, esto debe verse a plena luz. No por morbo: por justicia. Y que quede claro: no vamos a soltar el caso. Estaremos pendientes. Y ustedes, lectores, con nosotros.
