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WASHINGTON.- El presidente Donald Trump ha vuelto a recurrir a su arma diplomática predilecta: los aranceles. Esta vez, para presionar al gobierno de Irán para que ponga fin a su sangrienta represión de las protestas a nivel nacional.
Trump afirmó el lunes en una publicación en redes sociales que impondría un gravamen del 25% a las importaciones desde países que hagan negocios con Irán. Las sanciones podrían perjudicar a la República Islámica al reducir su acceso a bienes extranjeros y aumentar los precios, lo que podría recrudecer las tensiones en un país donde la inflación ya supera el 40%.
Pero los aranceles también podrían tener repercusiones en Estados Unidos, posiblemente elevando los precios por las importaciones de socios comerciales de Irán, como los textiles turcos y las gemas indias, y poniendo en riesgo una frágil tregua comercial que Trump alcanzó el año pasado con China.
La cifra de muertos en las más recientes protestas en Irán superó el miércoles las 2.500, según activistas, mientras el gobierno islamista de línea dura intenta sofocar las manifestaciones en contra de las dificultades económicas y la represión política.
Washington ha ofrecido pocos detalles desde que anunciaron los nuevos aranceles contra Irán. Por ejemplo, la Casa Blanca no ha dicho si los impuestos se sumarían a los impuestos de dos dígitos que Trump ordenó el año pasado a casi todos los países del mundo. O si eximiría algunas importaciones de energéticos.
