Cantos, danzas y oraciones se vivieron en la Basílica
(EFE)
Ciudad de México.- Como cada 12 de diciembre, la Virgen de Guadalupe convirtió su festividad en una explosión de devoción y de identidad mexicana de millones de fieles venidos de todo el mundo a la capitalina Basílica de Guadalupe para honrar a la patrona de la capital mexicana, la “Virgen Morena”, con cantos, danzas y oraciones.
Ya desde la madrugada, el recinto religioso y sus proximidades lucían abarrotadas, en una expresión de fe que año a año consolida este templo como uno de los más visitados del mundo, así como una parada obligatoria en el camino de muchos peregrinos.
Esta tradición hace que muchos mexicanos emprendan un camino “arduo” de semanas para llegar a la basílica en plena festividad de la Virgen de Guadalupe, como es el caso de Félix José Joserra, quien salió del estado de Oaxaca (sur) días atrás para emprender un trayecto con “fe y devoción” hasta Ciudad de México.
“A la Virgen le pido salud para mi familia y para mis hijas. Estar aquí es una alegría inmensa que te llena el corazón”, contó a EFE Joserra, rodeado de las tradicionales marmotas mexicanas, que simboliza la fe y la luz en el mundo.
Forma parte de una agrupación de marmoteros que ya llevan viniendo 15 años seguidos para vivir una experiencia “muy bonita de peregrinación” que, incluso a él, le cuesta explicar con palabras.
Según las cifras provisionales de las autoridades capitalinas, este año acudieron al templo unos 13 millones de peregrinos hasta este viernes, superando los 12,3 millones del año pasado.
No obstante, estiman que el número final de asistentes sea aún mayor, dado que prevén que lleguen todavía más personas mañana sábado.
La devoción de los asistentes se expresa de diferentes maneras, ya sea rezando de rodillas o de pie para bailar en honor a la conocida como “Virgen Morena” en el día de su cumpleaños, a la que también le cantan ‘Las Mañanitas’ desde madrugada.
Estos bailes tradicionales, en los que los danzantes van vestidos con trajes identitarios mexicanos, son una forma de “seguir con un legado” que se transmite de padres a hijos , explicó Catherine Esquivel, ataviada con un traje que representa el sol y la luna y con plumas sobre su cabeza.
