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Ciudad de México.- Una conferencia de prensa convertida en una fiesta con desayuno incluido. Una tómbola para que un periodista se quede con su reloj. La develación de su retrato en el Palacio Nacional, la sede presidencial. Almuerzo con otros mandatarios. Y a la medianoche del lunes, Andrés Manuel López Obrador dejó de ser presidente para, como él mismo ha dicho jugando con las palabras, irse a “La Chingada”, su rancho.
Este lunes fue la número 1,438 y, como cabría esperar, estuvo dedicada a los logros conseguidos, siempre según sus datos y con ejemplos prácticos para el pueblo, como explicar que hoy se pueden comprar casi el doble de kilos de tortillas o huevos con un salario mínimo gracias a los incrementos que ha tenido y al control de la inflación.
El baño de masas se lo ofreció la prensa, a la que invitó a desayunar después de escuchar en vivo música jarocha y una canción de la artista Eugenia León en la que cantó su esposa, Beatriz Gutiérrez Müller.
Algunos periodistas que cubrieron sus “mañaneras” y que han mostrado un notable activismo oficialista, ofrecían entrevistas a otros reporteros contando su experiencia o gritaban para entregarle regalos o hacerse una “selfie” con el presidente. El que ganó la rifa del reloj presidencial no pudo evitar saltar de su silla eufórico cuando su nombre salió de la urna.
López Obrador hará política hasta su último minuto en el poder. La comida con líderes amigos del lunes es un ejemplo. Adelantar la agenda de su sucesora, otro. Dijo que por la noche la todavía presidenta electa ofrecerá una cena a los líderes llegados para la ceremonia del martes. Entre ellos estará la primera dama de Estados Unidos, Jill Biden.
