Flor Martínez
[San Luis Hoy]
Abish Melina Martínez es madre de Juan Itzae Molina Martínez, “Juanito”, quien fue diagnosticado con Trastorno del Espectro Autista (TEA). En este transcurso, ella y su hijo han recorrido un camino lleno de retos y aprendizajes en el desarrollo de su pequeño.
Actualmente, Juanito tiene ocho años de edad y este año cumplirá nueve. Abish compartió cómo ha sido su experiencia, sus retos y fortalezas a los que se ha enfrentado en el camino, principalmente en el entorno social.
Gracias a los cursos de estimulación temprana, se detectaron focos rojos en Juanito, quien fue canalizado a un centro de terapias en el Estado de México antes de los dos años, donde posteriormente fue diagnosticado con autismo antes de los tres años.
“Fue un proceso complicado al principio. Te preguntas si lo estás haciendo bien, si encontrarás la manera adecuada de comunicarte con él. Cuando recibimos el diagnóstico, obviamente es muy difícil aceptarlo. Uno se imagina que nuestro niño no tendrá una condición normal como cualquier otro, y cuando nos presentan los diagnósticos, vienen acompañados de muchas limitaciones por parte de los doctores”, señaló.
Juanito, actualmente, es un niño lleno de energía y curiosidad. Aunque el lenguaje verbal es un desafío constante, Abish descubrió otros medios para conectarse con su hijo. Gestos, miradas e incluso la música; sirvieron como puentes de comunicación fundamentales. “Juanito siempre responde positivamente a la música, es su forma de expresarse y de encontrar calma. A través de las canciones, logramos momentos de conexión pura”, expresa.
Además de los desafíos diarios, también ha tenido que lidiar con la incomprensión social. Pero, en lugar de desanimarse, utiliza esas experiencias para sensibilizar a quienes la rodean.
Contó que en una ocasión su pequeño tuvo un ataque de ansiedad; recuerda que no podía parar de llorar y una señora se le acercó diciéndole porqué no lo calmaba.
Le respondió que si creía que ella no era capaz de controlar a su hijo, lo hiciera ella misma. Después le comentó que Juanito tenía autismo; la otra persona solo respondió que lo desconocía y le ofreció disculpas.
Señaló que los primeros años fueron los más difíciles, principalmente porque su hijo, por su condición, no fue aceptado en los preescolares de aquella ciudad. No había aprendido a ir al baño, requisito indispensable, y los docentes le indicaron que no estaban capacitados para atender a menores con ese diagnóstico, por lo que, desde los dos años, estuvo recibiendo terapias particulares.
En ese periodo coincidió la pandemia, lo que complicó aún más el desarrollo y aprendizaje de su hijo. Posteriormente, por cuestiones laborales de su esposo, se mudaron a San Luis Potosí, donde viven desde hace más de tres años. En el municipio de Villa de Reyes, Juanito continuó con sus terapias en el Centro de Atención Múltiple Lev S. Vygotsky.
Ahora asiste al CAM Ovidio Decroly en el Saucito; además, recibe equinoterapia, terapia de lenguaje y terapia integral en el instituto Temazcalli, tras haber sido canalizado desde Villa de Reyes por Juan Carlos, quien dirige la fundación Atrapando Ángeles México.
“Juanito ha progresado notablemente. Antes, era muy sensible a sonidos fuertes, pero con el uso de audífonos especiales y el apoyo de medicamentos como risperidona y fluoxetina, ha mejorado su tolerancia al ruido, concentración y manejo de la ansiedad”.
Señala que el tratamiento farmacológico ha sido fundamental. Aunque muchos padres temen medicar a sus hijos, en su caso ha significado un gran beneficio, mejorando su calidad de vida y su estado de ánimo.
Juanito también recibe delfinoterapia, la cual ha ayudado a reducir su hiperactividad y mejorar su descanso. Estas terapias se han realizado en lugares como Guanajuato e Ixtapa Zihuatanejo, gracias al apoyo económico de la fundación.
El neurólogo pediatra Vicente López, quien sigue de cerca el caso de Juanito, asegura que el niño va por buen camino. Aunque no se puede prever cuándo desarrollará completamente su lenguaje verbal, su evolución es evidente.
Su madre hace un llamado a la comprensión y empatía de la sociedad, resaltando la importancia de informarse sobre el autismo y apoyar a quienes lo necesitan. “Lo primero que se debe pensar es en cómo se puede ayudar antes de juzgar”, concluye.
