Flor Martínez
[San Luis Hoy]
En medio del silencio que envuelve la procesión, avanza lentamente la cofradía del Descendimiento, cargando sobre sus hombros no sólo una imagen, sino toda una historia construida por generaciones.
Entre quienes la sostienen está Sagrario del Carmen, una mujer que lleva 34 años de entrega y compromiso con esta solemnidad.
Hija de María Ada Miranda López y Noé Salas Loredo, fundadores de la cofradía originaria de Soledad de Graciano Sánchez, desde los cuatro años de edad inició su participación en la Procesión del Silencio.
“Yo participo desde los cuatro o cinco años. La cofradía fue fundada por mis padres”, cuenta con orgullo.
En septiembre de 1991 decidieron sembrar una semilla de devoción en su comunidad, a la que se sumaron un grupo de personas de la calle Blas Escontría en la cabecera municipal de Soledad.
Desde entonces, cada paso ha sido acompañado por la fe, el esfuerzo colectivo y una profunda conexión espiritual.
La imagen de la cofradía es Jesús bajado de la cruz o La Piedad. Cargan un grupo escultórico barcelonés que llegó a San Luis Potosí en 1993, adquirido con aportaciones de los fundadores e integrantes de la cofradía y llevado a la parroquia Nuestra Señora de la Soledad, en la cual permaneció expuesta al culto hasta 1998.
La representación después fue trasladada a las instalaciones de Tradiciones Potosinas y representa la decimotercera estación del Viacrucis: Jesús es bajado de la cruz y puesto en brazos de María, su madre.
Relató que su primer año de participación fue 1992, pero fue hasta 1993 cuando llegó su imagen actual: La Piedad, el grupo escultórico de origen barcelonés. Aquella vez, la llegada de la imagen estuvo marcada por un evento que hasta hoy se guarda como sagrado.
“Empezó a llover justo cuando se abrió la caja en la que venía. La Virgen se manchó con el agua, y le quedó como una lágrima”, relata.
