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ORCHARD PARK, Nueva York.- Para Josh Allen, el césped tiene que ser natural.
Mientras los Bills de Buffalo se alistan para su primer partido de temporada regular el jueves en su nuevo Highmark Stadium, el quarterback aguarda con ganas no tener que lidiar con el desgaste adicional que antes sufría su cuerpo al jugar sobre el césped artificial de la antigua instalación del equipo, ahora demolida.
“Me he hecho muchísimas, muchísimas quemaduras en las piernas por el césped artificial, hasta el punto de que no puedo dormir por la noche porque se me ampolla. Es muy doloroso”, dijo Allen.
Señaló que todavía lo siente después de que los Bills entrenan sobre un césped artificial dentro de su pabellón de prácticas.
“Si pudiera chasquear los dedos y hacer que todos los campos fueran de césped natural, eso es lo que haría, sin duda”, indicó.
Por influyente que pueda ser Allen, no tiene ese tipo de facultad, incluso cuando el debate entre césped natural y césped artificial resurge este año después de que siete de 11 instalaciones de la NFL hicieran el cambio obligatorio —y temporal— a césped natural para albergar partidos del Mundial de fútbol.
Los jugadores apoyan abrumadoramente el césped natural
“Es un poco extraño, pero ¿qué se puede esperar?”, expresó el lineman de 49ers Nick Bosa.
