Jaime Hernández
[San Luis Hoy]
José Narro Robles, exsecretario de Salud durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, reconoció que el sistema sanitario mexicano no ha estado funcionando bien desde hace años, cayendo en un peligroso rezago que afecta a la ciudadanía.
El también exrector de la Universidad nacional Autónoma de México (UNAM) impartirá una conferencia sobre la necesidad de un cmabio de rumbo en las políticas de salud y concedió una entrevista a Pulso.
Si bien reconoció que el actual gobierno federal presenta un cambio de actitud con respecto a la administración de Andrés Manuel López Obrador, fue crítico al señalar que algunas situaciones negativas persisten.
La falta de recursos, la centralización del sistema de salud de las entidades y el escaso apoyo al personal médico y sanitario en el país son los aspectos más preocupantes en la actualidad, consideró.
Adelantó que en su plática de hoy, revisará con el auditorio el estado del sistema nacional de salud. Indicó que aunque México tiene una grandeza y una magnitud que lo hacen especial, pero enfrenta problemas serios, como: la pobreza, la desigualdad y el desapego al estado de derecho. “Nos estamos quedando atrás; hay países de nuestra región que avanzan más rápido”, expuso.
Consideró que los avances relativos a la organización de los servicios se han quedado cortos, a la luz de comparaciones con indicadores de otros países, con lo que se muestra “que nos falta mucho por hacer.
Enfatizó en la necesidad de cambiar muchos aspectos de las políticas de salud, que han mostrado múltiples deficiencias desde la pandemia de COVID-19 de 2020, “que en México fue devastadora por las decisiones que se tomaron o se dejaron de tomar”
Indicó que sugerirá las alternativas para retomar el rumbo, entre las que, remarcó, la
principal debe ser el incremento presupuestal.
“México invierte muy poco en el sector público; es una insuficiencia presupuestal crónica agudizada en los últimos 7 u 8 años”, expresó.
Cambio… insuficiente
-¿Cómo está con Claudia Sheinbaum el sistema de salud en México? ¿Hay alguna mejora, sigue igual o ha empeorado con respecto al gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que fue muy criticado por el deterioro en este sistema?
-Debo reconocer que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum heredó muchísimos problemas: insuficiencia presupuestal, una política muy mala en el manejo de la pandemia y muertes en exceso. Hay una herencia que obliga a remar contra la corriente; retrocedimos en muchos indicadores y la recuperación no es fácil tras la desaparición del Seguro Popular.
Sin embargo, reconozco que hay una actitud diferente. Se escucha más, se tolera más la crítica y se admite que hay fallas que corregir. Aun así, creo que algunas políticas públicas actuales no son las correctas. La recentralización de los servicios (el paso al IMSS-Bienestar) no ha sido total y deja un sistema fragmentado. Yo favorezco un auténtico Servicio Nacional de Salud, coordinado y con recursos necesarios. Es muy temprano para juzgar el reciente decreto del Servicio Universal de Salud, pero insisto: si México invierte menos de tres puntos del PIB en salud pública, no habrá resultados adecuados.
Pienso que no estábamos bien en los últimos 2, 6, 10 años, pero hoy estamos peor.
-Tenemos entonces la base de un cambio de actitud gubernamental en el tema de salud, pero todavía persisten situaciones negativas…
- Sí. Hay una diferencia con respecto al gobierno anterior, pero los graves problemas operativos del día a día, del acceso a la salud de las personas, no se han resuelto. Decimos desde hace mucho tiempo que tenemos que priorizar el primer nivel de atención, pero en la vida real pues no sucede esto, la inversión se hace mucho más en la medicina curativa que en la preventiva. Hemos tenido en estos dos últimos años en 25 o 26 la reaparición del sarampión y esto se debe fundamentalmente a que la vacunación ha sido insuficiente. Ha sido paulatino, pero ahora, con toda franqueza, se ha acumulado el rezago. En el gobierno anterior la vacunación contra el sarampión no tuvo los niveles que debería haber tenido. Hay un problema de sarampión, no solo en México, en nuestra región y en muchas partes del mundo.
-¿A qué atribuye usted los recortes que estos últimos dos gobiernos han hecho en materia de salud? ¿Cuál es la lógica de esos recortes?
-No puede haber una lógica; simplemente la salud no ha sido prioridad. Yo fui Secretario de Salud hasta finales de 2018 y no puedo decir que teníamos todos los recursos o abasto al 100%, pero respecto a cómo estábamos entonces, hoy estamos peor.
Ni todo estaba bien antes, ni todo está mal ahora. Pero lo que sí es que respecto de cómo estábamos hoy estamos peor.
Política errada
-Sobre la recentralización del sistema nacional de salud que mencionaba, en San Luis se han firmado acuerdos entre el gobierno federal y el estatal. ¿Podría ampliar las dificultades que ve en este proceso?
-Mi visión es que el sistema debe ser descentralizado porque México es muy diverso. No es lo mismo San Luis Potosí que Aguascalientes o Zacatecas. Centralizar los servicios en un país de 132 millones de habitantes es un retroceso. Cuando se descentralizaron los servicios en los años 90, había una mejor utilización de recursos y una toma de decisiones más pronta. Al desaparecer el Seguro Popular por decreto en 2019, sin estar preparados, quedamos con un déficit enorme justo antes de que llegara el COVID-19.
En marzo de 2020 empezamos a tener los primeros casos de COVID-19, lo que nos complicó todavía más la situación, nos tomó en una posición menos adecuada para tener una respuesta integral y los resultados ahí están: hubo un exceso de muertes que que realmente nos colocó entre los países que tuvieron una mala actuación frente a
la pandemia.
-¿Y cuál sería un mejor método entonces?
-Un nuevo federalismo en salud. No es conveniente que todas las decisiones se tomen en el centro. La salud depende de determinantes como alimentación, vivienda y servicios públicos que requieren articulación local. Necesitamos un sistema con calidad homogénea, prioridad en el primer nivel de atención (medicina familiar) y acceso a salud digital. También necesitamos transparencia y rendición de cuentas. Además, hemos visto una “privatización silenciosa”: ante la insuficiencia de lo público, la gente termina en consultorios de farmacias o clínicas privadas.
Deslinde
-¿La población también tiene responsabilidad en el cuidado de la salud?
-Sin duda. La salud depende de estilos de vida. No estamos cultivando la salud si fumamos, bebemos en exceso o tenemos mala alimentación. Tenemos amenazas grandes como la diabetes y la hipertensión. También debemos atender la salud mental y la violencia. El último año registrado hubo más de 85,000 muertes violentas (accidentes, homicidios y suicidios). El suicidio afecta principalmente a los jóvenes y es una asignatura pendiente que requiere presupuesto. No somos solo un país de tránsito de drogas; las adicciones ya afectan seriamente a nuestra juventud.
-El año que entra hay elecciones, ¿ve posibilidad de
un cambio?
-Me encantaría ver una mayor participación ciudadana. En la elección de 2024 la participación apenas superó el 60%. No es posible que 4 de cada 10 ciudadanos no participen. La democracia se construye con todos. La elección de 2027 es una oportunidad para que la sociedad y los partidos políticos busquen un cambio real. Necesitamos representantes con legitimidad y órganos electorales transparentes.
-En ese sentido, usted no es ajeno a la política. ¿No tiene la intención de participar de algún modo?
-Lo digo con claridad: no estoy en esa línea de trabajo. Uno puede hacer mucho desde otros terrenos: debatiendo, planteando propuestas y haciendo crítica fundada en datos.
