EL Congreso de las palancas
EL Congreso del Estado no es para acomodar familiares, amigos o recomendados. Es una institución pública y ahí deberían estar los mejores, no los más cercanos al poder.
POR eso pesan los señalamientos contra Dolores Eliza García Román, “Lolita”, actual Oficial Mayor del Congreso. EL problema es simple: ¿quién está entrando al Congreso y por qué?
AHÍ aparece Alejandra Pérez Pérez, identificada por trabajadores como nuera de García Román. En transparencia figura como Analista Administrativo en Oficialía Mayor, con sueldo de más de 25 mil pesos al mes.
CUANDO una pariente directa aparece en el área que dirige la Oficial Mayor, la sospecha de nepotismo no es un simple rumor. Es un golpe directo a la confianza en el Congreso.
TAMBIÉN están Irma Aracely Gallardo Báez, cercana a “Lolita” desde la legislatura anterior, y Laura Araceli Villalobos Castillo, señalada por recibir base en tiempo récord y con un espacio prácticamente hecho a modo.
ESO se llama influyentismo. Dicho claro: no siempre entra quien más sabe, sino quien tiene mejor palanca. Y como dice el dicho: el que tiene padrino, se bautiza.
EL Congreso necesita gente capaz, preparada y que sirva para el cargo. De por sí con algunos diputados ya hay carga suficiente; imagínense ahora sumarle el hedor a nepotismo y amiguismo en las áreas administrativas.
NO puede ser bolsa de trabajo para familiares, amigas o cercanos políticos. Menos con sueldos pagados con dinero público. Tampoco basta con decir que “todo está en regla”. Muchas veces los abusos también traen papeles bien acomodados.
LA Oficialía Mayor que dirige “Lolita” debe explicar por qué su nuera aparece en esa área, qué méritos tiene, quién autorizó su ingreso y cómo se justifican esos sueldos.
TAMBIÉN debe aclarar si esas bases responden a una necesidad real del Congreso o a favores personales.
Y aquí hay otra pregunta obligada: ¿los de arriba no sabían lo que estaba pasando o sí sabían y se hicieron de la vista gorda?
PORQUE si no sabían, estamos ante un Congreso mal cuidado. Pero si sabían, entonces ya no hablamos de descuido, sino de complicidad. San Luis no paga impuestos para sostener redes privadas dentro del Congreso. Paga para tener instituciones serias.
Y si el Poder Legislativo quiere pedir respeto hacia afuera, primero tiene que limpiar la casa por dentro. Porque casa donde manda la palanca, pierde la vergüenza.
POSDATA: En el caso del Saucito, el alcalde Enrique Galindo tampoco sale limpio. El calificativo de “niño berrinchudo” que le lanzó Ricardo Gallardo fue innecesario y bastante “llevadito” para un gobernador, pero el mensaje sí deja algo para pensar.
Esa obra lleva años atorada entre anuncios, protestas, estudios, resistencia vecinal, pausas y pretextos de todos colores. Siempre hay algo. Siempre falta un papel. Siempre aparece otro culpable.
Y mientras Palacio Grande y Palacio Chico se tiran piedras, el Saucito sigue igual.
Si el proyecto realmente es tan importante para la ciudad, Galindo tendría que poner menos drama mediático y más expedientes completos. Porque gobernar no es salir a quejarse cada tercer día en entrevista. Menos cuando la obra ya parece novela repetida.
POSDATA 2: Y para cerrar con optimismo potosino: los divorcios aumentaron 50 por ciento este 2026. Al paso que vamos, el amor en San Luis ya dura menos que una obra pública prometida. Entre inflación, pleitos políticos y estrés diario, parece que mucha gente ya entendió que “hasta que la muerte los separe” era demasiado ambicioso.
