EL día que el Congreso reventó…
LO ocurrido este martes en el Congreso del Estado no fue una protesta más ni un asunto exclusivo de periodistas inconformes con la llamada Ley Serrano. Lo que se vio fue a distintos grupos y distintas causas coincidiendo en un mismo reclamo contra una clase política que cada vez escucha menos y se encierra más en sí misma.
DESDE hace semanas era evidente que el malestar crecía. Sin embargo, en lugar de abrir espacios de diálogo, corregir errores o reconocer excesos, la apuesta fue la de siempre: congelar iniciativas con “chicanadas”, patear decisiones, recurrir a maniobras legislativas y esperar que el tiempo desgastara a los inconformes. El cálculo resultó desastroso.
LA protesta terminó ingresando a un Congreso sitiado y exhibiendo algo que debería preocupar más que cualquier consigna: una profunda ruptura entre representantes y representados.
Y quizá ya es momento de que desde el Poder Ejecutivo el gobernador Gallardo y sus asesores pongan orden en su mayoría legislativa.
PORQUE esconder un problema bajo la alfombra nunca ha sido una solución inteligente, mucho menos cuando comienza a tomar forma de movilización social. Lo ocurrido este martes parece más el inicio de algo que el final de una protesta.
Y en medio de todo estaba Héctor Serrano. Su nombre fue el más repetido durante toda la mañana. Los gritos de “¡Fuera Serrano!” y las mentadas sonaban una y otra vez dentro y fuera del Congreso, mientras el diputado verde intentaba sobrellevar una crisis política que él mismo ayudó a construir.
PÁLIDO, serio y visiblemente incómodo, pasó buena parte de la jornada refugiado en la sala de previas. Fue el hombre del momento, aunque seguramente no como lo había imaginado. Al final, algunas reporteras intentaron entrevistarlo, ya no como manifestantes sino en ejercicio periodístico, pero Serrano las ignoró, quizá lleno de miedo.
LA reacción de otros diputados terminó agravando todavía más las cosas.
LOS legisladores del Partido Verde prácticamente desaparecieron. Evitaron el contacto con los manifestantes y buscaron rutas alternas para esconderse.
LOS morenistas Cuauhtli Badillo y Carlos Arreola optaron por una ruta distinta, aunque igual de desafortunada. Entre sonrisas, saludos y poses, parecieron confundir un momento de alta tensión con un recorrido de promoción personal. La gente les dijo de frente lo que piensa y ambos terminaron recibiendo una dosis de realidad política que difícilmente olvidarán.
PERO quien se llevó una de las peores postales de la jornada fue el diputado verde Luis Fernando Gámez. Mientras varias manifestantes le reclamaban presuntos malos manejos y exigían respuestas, decidió contestar enviando besos. Un gesto que fue interpretado como una actitud burlona, irrespetuosa y fuera de lugar. Algunos incluso lo calificaron como una forma de acoso.
FINALMENTE que nadie se equivoque. Lo que está ocurriendo ya no es una anécdota para redes sociales. Es una señal de alarma para una clase política que sigue creyendo que enfrenta una crisis mediática, cuando en realidad enfrenta una creciente crisis de representación.
POSDATA.- Quien piense que todo terminó cuando se vació el Congreso no entendió el mensaje. Las consignas más repetidas durante la jornada no hablaban de lo que pasó. Hablaban de lo que viene. Al tiro.
POSDATA 2.- De 27, se quedaron tres dialogando, pero solo una se puso del lado de los manifestantes y pidió no estigmatizarlos ni verlos como parte de campañas. Gaby Torres discutió con sus pares por lo que parecía más lógico. Escuchen y aprendan, parecía decir.
