EL Congreso contra los potosinos.
HAY algo profundamente revelador en la marcha convocada para este martes buscando exigir la derogación de la Ley Serrano.
NO porque vaya a llenar calles o paralizar la ciudad. Lo importante es otra cosa: exhibe el enorme divorcio entre el Congreso del Estado y la sociedad que dice representar.
HACE años que el Poder Legislativo no se veía atrapado en una crisis de legitimidad tan severa. Y eso ya es mucho decir para una institución que durante décadas ha sobrevivido entre ocurrencias, improvisaciones, chapulineos y una preocupante mediocridad política.
PERO esta vez el problema es distinto. Esta vez los y las diputadas decidieron meterse con una libertad fundamental y lo hicieron con una soberbia que raya en el desprecio ciudadano.
LA llamada Ley Serrano terminó convirtiéndose en el monumento perfecto a una forma enfermiza de ejercer el poder: la tentación de castigar aquello que incomoda, si no hay que ver quiénes presentaron las primeras denuncias.
NO importa cuántas explicaciones técnicas presenten. No importa cuántos comunicados redacten. La percepción pública ya está instalada y es devastadora.
HAY repudio a la ley.
MUCHOS potosinos observan una ley que parece diseñada para intimidar y que manda un mensaje inquietante: cuidado con lo que publicas, cuidado con lo que opinas.
Y cuando una ley provoca miedo en lugar de certeza, cuando une a periodistas, activistas, académicos y ciudadanos comunes en una misma protesta, es que verdaderamente está muy mal.
LO más grave es que muchos diputados parecen no haber entendido la magnitud del rechazo. Mientras San Luis Potosí enfrenta problemas urgentes en seguridad, agua, movilidad y servicios públicos, el Congreso terminó convertido en noticia nacional e internacional por una legislación señalada por restringir libertades.
POR eso los legisladores deberían dejar de encerrarse en su burbuja de asesores carga-maletas y escuchar lo que está ocurriendo afuera.
AQUELLOS que votaron en contra tienen la responsabilidad de mantenerse del lado de los ciudadanos.
LOS que se abstuvieron deberían abandonar esa cómoda cobardía política que les permite lavarse las manos mientras otros toman decisiones.
Y los que votaron a favor, incluso quienes lo hicieron de buena fe o por disciplina partidista, deberían tener la honestidad de reconocer que se equivocaron.
SE puede estar de acuerdo o no con lo que alguien dice. Se puede criticar, debatir, ridiculizar o refutar una postura. Así funciona una sociedad libre.
LA historia nunca ha tratado bien a los gobiernos ni a los congresos que intentan regular el pensamiento.
SI alguien duda de ello, basta recordar la Ecuación Corrupta. También entonces hubo soberbia, arrogancia y políticos convencidos de que podían ignorar el descontento ciudadano. La realidad terminó alcanzándolos y gacho.
QUIZÁ la marcha de este martes no sea la más grande del año.
PERO representa algo más importante: el momento en que distintos sectores decidieron recordarle a una clase política arrogante que las libertades no son concesiones del poder.
POSDATA. Rita Ozalia Rodríguez, dirigente local de Morena, dejó ayer una declaración que merece releerse con calma: si el Verde presenta un perfil distinto a Ruth González para la gubernatura, el escenario cambia. Podrían ir juntos, con el Verde poniendo y disponiendo. Así que la pregunta es inevitable: ¿eso vino a hablar Sheinbaum con Gallardo hace unos días? Sabe.
