¿QUÉ está pasando en San Luis?
ALGO huele a diésel en San Luis Potosí. Y no es precisamente en una gasolinera.
EL 8 de julio, la FGR informó del aseguramiento de ferrotanques en San Luis, como parte de una estructura que introducía combustible mediante declaraciones falsas. El balance general, que también incluyó operativos en Nuevo Laredo, Tampico y Coahuila, fue gigantesco: 170 ferrotanques, 18.9 millones de litros y un golpe calculado en 238.8 millones de pesos.
OCHO días después, la fiscal general de la República, Ernestina Godoy, presentó la que llamó la mayor red de contrabando de combustible detectada hasta ahora.
¿Y quién creen que volvió a aparecer entre los centros donde se concentraba y distribuía el producto? San Luis Potosí.
Y ayer, 21 de julio, como si todavía faltara una pieza, la FGR informó del cateo a una megabodega en San Juanico el Grande: 174 mil litros de probable diésel, tanques, bombas, un módulo despachador y 102 vehículos, entre pipas, plataformas, cajas y tractocamiones.
¿QUÉ está pasando en San Luis?
¿SOMOS ruta de paso, centro de almacenamiento, estación de transferencia o ya una sucursal completa del huachicol? ¿Los tres acontecimientos pertenecen a una misma organización? La FGR no lo ha dicho.
PODRÍAN, quizá, ser casos separados. Pero, si lo fueran, el panorama sería todavía peor: significaría que no hay una red, sino varias operando en el estado.
UNA instalación con 102 vehículos no aparece de la noche a la mañana y tampoco es fácil de esconder. Necesita terreno, trabajadores, operadores, clientes, documentos, dinero y movimientos constantes. ¿Nadie vio entrar y salir las pipas? ¿Ninguna autoridad local detectó irregularidades en los permisos, el uso de suelo, las medidas de protección civil o el impacto ambiental? ¿Era una empresa legal utilizada como fachada? ¿Quién es el dueño? ¿Desde cuándo operaba? ¿A quién le vendía?
Y la pregunta que todos nos hacemos: ¿quién protegía el negocio?
NO se puede afirmar que hubiera funcionarios involucrados. Tampoco sería serio señalar nombres sin pruebas. Pero resulta difícil imaginar un negocio de esta magnitud funcionando únicamente con discreción y buena suerte.
EL huachicol fiscal no se mueve en bidones; viaja en trenes, buques y flotillas, atraviesa aduanas, utiliza empresas y termina mezclado con combustible legal.
MIENTRAS la FGR acumula aseguramientos, las autoridades estatales guardan un silencio conveniente. La Guardia Civil dio seguridad perimetral en San Juanico. Muy bien. ¿Y antes del cateo qué sabía?
QUIZÁ todo sea una extraordinaria coincidencia. Quizá San Luis solamente tuvo la mala suerte de aparecer tres veces en menos de dos semanas. O quizá el combustible clandestino llevaba tiempo circulando frente a todos y apenas estamos descubriendo el tamaño del negocio.
PORQUE una megabodega puede ocultarse detrás de una barda. Tantos vehículos, millones de pesos y una red nacional, como dice el meme “nahhh creo”.
POSDATA: ¿Qué ocurre en la carretera 57? La explosión de una pipa en Santa María del Río volvió a convertir la carretera 57 en un enorme estacionamiento. Un choque bastó para paralizar durante horas la principal vía de comunicación del estado.
¿HASTA cuándo seguirá administrándose esta carretera accidente por accidente? Sobran recomendaciones para conducir con cuidado, pero faltan vigilancia, revisión del transporte pesado y capacidad para responder sin colapsar la circulación.
LA 57 mueve mercancías, combustibles y miles de personas todos los días, pero parece existir para todos, menos para las autoridades.
