Los que aprobaron la Ley Serrano ahora se esconden
AHORA resulta que la Ley Serrano nació sola, solita. EL gobernador Gallardo propuso derogarla, el Congreso podría convocar a un periodo extraordinario y el panista Rubén Guajardo advierte que los procesos sustentados exclusivamente en esos delitos podrían quedar sin efecto.
MUY bien. ¿Pero dónde están las diputadas y los diputados que votaron a favor?
PORQUE esa reforma pasó por el Congreso. Hubo legisladores que levantaron la mano con los ojos cerrados y otros que la defendieron a capa y espada.
LA presentaron como una protección necesaria frente a los abusos de la inteligencia artificial y descalificaron las advertencias sobre sus riesgos para la libertad de expresión.
DESPUÉS llegaron las detenciones, las protestas, la impugnación de la CNDH y una crisis política que convirtió la reforma en algo indefendible.
ENTONCES comenzó la desbandada.
HOY casi nadie ofrece una explicación y mucho menos admite que se equivocó. Resulta más cómodo dejarle toda la responsabilidad a Héctor Serrano, esconderse detrás de la iniciativa del gobernador y regresar al Pleno para derogar aquello que ellos mismos aprobaron.
O sea, básicamente, se hacen güeyes.
NO basta con levantar nuevamente la mano, ahora para eliminar la reforma, y fingir que el problema quedó resuelto.
LOS diputados no pueden asumirse como simples espectadores del proceso legislativo. Para eso reciben iniciativas, supuestamente las analizan, las discuten y finalmente las votan.
SI aprobaron delitos mal construidos, la responsabilidad también es suya.
QUE nadie se confunda: la derogación es indispensable y debe aplicarse la norma más favorable a quienes fueron investigados o procesados. Pero convertir la corrección en una ceremonia de absolución y olvido político sería otra burla.
LA Ley Serrano puede desaparecer durante una sesión extraordinaria. El voto de quienes la aprobaron seguirá registrado, y hay que señalarlos.
Y justo cuando el voto de cada diputado comienza a cobrar factura, uno de los nombres que salta del Congreso a la disputa por la alcaldía de la capital es el de Rubén Guajardo.
EL panista votó contra la reforma y puede presumir que no acompañó el despropósito de la Ley Serrano, pero ese antecedente no basta para ganar una candidatura. Tendrá que explicar qué ofrece después de cuatro legislaturas.
ENFRENTE estará Verónica Rodríguez, quien pedirá licencia a la dirigencia estatal del PAN, pero no soltará el Senado. Deja formalmente la presidencia del partido, aunque falta saber si también dejará la estructura. Una cosa es separarse del cargo y otra dejar de mover los hilos, en una interna que de entrada no parece tan pareja: la única mujer en la contienda parece decidida a quedarse con la candidatura a como dé lugar.
DAVID Azuara tampoco abandonará su diputación federal. Habrá que ver si la curul, el apellido y la exposición política le alcanzan para competir por una ciudad que exige algo más que presencia en fotografías y redes sociales.
Y Marcelo de los Santos Anaya es la incógnita. Es empresario y el único de los cuatro que no vive profesionalmente de la política, aun cuando lleva el apellido del único gobernador panista de San Luis Potosí.
SU perfil ciudadano y empresarial puede ayudarle a conectar con quienes desconfían de los políticos de siempre, pero deberá demostrar si tiene reconocimiento, estructura y ganas de ensuciarse los zapatos.
EL PAN promete foros y una encuesta. Veremos si será una competencia real o solamente un trámite para confirmar una decisión previamente tomada o pactada. ¿’Tas de acuerdo, Vero?
