SURGEN más remedios que defensores
ALGO debe estar muy mal con la mentada “Ley Serrano” cuando ya son dos las iniciativas ciudadanas que intentan corregirla.
LA primera fue impulsada por Artículo 19. La segunda llegó hoy de otro ciudadano.
A ellas se suma la acción de inconstitucionalidad promovida por la CNDH, los cuestionamientos de organizaciones defensoras de derechos humanos y el escándalo nacional e internacional que provocó una reforma que puso a San Luis Potosí en el mapa, pero por las razones equivocadas.
Y mientras todo eso ocurre, los 18 diputados que la aprobaron callan. Callan como momias.
LA nueva iniciativa intenta reparar varias de las tonterías que sobrevivieron al proceso legislativo.
ENTRE ellas, la absurda idea de castigar contenidos que afecten la confianza en las instituciones públicas. Un disparate no sólo jurídico, sino de la más elemental lógica, porque la confianza no se protege con policías ni ministerios públicos. La confianza se gana trabajando, cosa que no saben hacer los ínclitos diputados.
SI hubiera sido una reforma seria, la CNDH no estaría impugnándola. Si hubiera sido una reforma responsable, San Luis Potosí no habría terminado convertido en ejemplo de cómo una ley puede poner en riesgo la libertad de expresión.
PERO ahí están los hechos. Y ahí están también los votos.
HÉCTOR Serrano la promovió, sí. Pero hubo otros 17 legisladores que levantaron la mano. Tomás Zavala, César Lara, Roxanna Hernández, Aranzazú Puente y otros integrantes de aquella mayoría respaldaron una reforma que hoy hace agua por todos lados.
AHORA que arrecian las críticas, que surgen propuestas para corregirla y que la presión pública aumenta, ninguno ni ninguna parece tener demasiadas ganas de defender lo que votó. Hacen mutis.
NINGUNO parece dispuesto a explicar por qué una ley aprobada, necesita dos iniciativas ciudadanas para corregirse y una acción de inconstitucionalidad para defender a los ciudadanos de sus excesos.
QUIZÁ porque resulta complicado explicar por qué una ley necesita más remedios que defensores.
O quizá porque saben algo que los ciudadanos ya empezaron a sospechar: que la Ley Serrano fue aprobada con más servilismo político que responsabilidad pública.
QUE no se olviden los nombres de los hombres y mujeres que votaron a favor: esos 18 que sobran y que no deben volver a estar en posibilidad de tener tentaciones contra la libertad de expresión.
POSDATA. Sara Rocha, diputada del PRI, votó en contra de la Ley Serrano. Eso debe reconocerse. Pero como presidenta de la Directiva del Congreso no ha sabido explicar por qué se pateó el bote para ganar tiempo y dejar fuera la iniciativa ciudadana que busca tumbar la reforma. ¿Simple torpeza? ¿Cálculo? ¿O será que los chismes de que es más verde que tricolor empiezan a cobrar sentido? Tal vez por eso al PRI le mandaron delegado: para revisar si los acuerdos personales, tan cercanos a la Gallardía, ya están vendiendo al partido por promesas, favores o camionetones de regalo.
POSDATA 2. Carlos Arreola dice que Morena no debe volver a cargar candidatos prestados del Verde o del PRI. Suena bonito, salvo por un detalle: a él lo señalan como uno de los morenistas más verdes, no por joven ni por inexperto, sino por su cercanía con el poder. Mucha hambre de reflector, pocas cartas credenciales y una historia política que huele más a entreguismo que a dizque juvenil rebeldía. Así cualquiera presume relevo generacional.
