LA Plaza de Fundadores terminó convertida en otra cancha del pleito eterno entre Palacio Grande y Palacio Chico.
Y no, no por el Mundial.
POR política.
El Ayuntamiento de la capital anunció con bombo y platillo que transmitiría partidos del Mundial de Futbol con macropantallas en pleno Centro. La idea sonaba sencilla: futbol, gente, plaza pública y ambiente mundialista.
PERO apenas se soltó el anuncio, desde el Gobierno del Estado comenzaron las alarmas: riesgos, aforos, Protección Civil, posibles accidentes y preocupaciones estructurales.
Y sí, claro que existen riesgos. Cualquier concentración masiva los tiene. El problema es que en San Luis ya cuesta trabajo distinguir cuándo una preocupación es genuina.
¿POR QUÉ tanta angustia institucional de pronto?
PORQUE a los de enfrente se les ocurrió primero.
ASÍ de simple.
PERO también hay que decirlo completo: el Ayuntamiento llega muy débil para defender su postura.
Y eso es culpa exclusivamente suya.
PORQUE si realmente pretendía sostener técnicamente que la Plaza de Fundadores es segura para un evento de ese tamaño, debió empezar por tener una Protección Civil sólida, seria y con credibilidad.
Y la verdad, no la tiene.
TIENE como encargado de despacho, es decir, “en lo que se ofrece”, a Alejandro Polanco, que de Protección Civil sabe poco o nada. Y de otras cosas tampoco, pero ese no es el tema de hoy.
EL propio alcalde Galindo llegó a reconocer que no podía nombrarlo formalmente porque no cumplía con las credenciales necesarias. Aunque también se le olvidó recordar cómo salió Polanco de encargos anteriores, donde tampoco dejó precisamente cuentas alegres.
Y ahí está el pecado, con penitencia incluida.
PORQUE cuando no construyes instituciones técnicas fuertes y pones personajes por cuota, por confianza o por ocurrencia, terminas sin autoridad para defenderte.
CUANDO no tienes perfiles con peso profesional, cualquier observación externa te tambalea.
Y cuando tu defensa depende más del discurso que de los expertos, acabas sentado esperando que “analicen bien” si te dejan hacer las cosas.
Y ahí está el fondo del asunto: esto ya no va solamente de si Fundadores aguanta o no aguanta un evento mundialista.
VA de algo más simple y más grave: en San Luis, hasta una pantalla para ver futbol termina convertida en pleito de poder.
MIENTRAS unos descubren riesgos justo cuando el evento lo organiza el de enfrente, los otros descubren demasiado tarde que improvisar perfiles técnicos también sale caro.
Y así seguimos: una ciudad donde ni para ver un partido en una plaza pública pueden ponerse de acuerdo.
POSDATA: Y ya que andamos en pleitos, egos y cartas de amor no correspondidas al poder, ahí está también el caso del diputado Héctor Serrano, a quien Claudia Sheinbaum despachó con un finísimo “algún día platicamos de esta persona”.
El legislador, ni tardo ni perezoso, respondió con una carta pública larguísima dirigida a la Presidenta, llena de quejas contra comunicadores, adversarios y páginas incómodas.
Para alguien que presume estar muy concentrado en trabajar por San Luis, le dedicó bastante tinta a explicar porqué no quiere que hablen de él.
POSDATA 2: Y hablando de fantasías políticas, qué manera de desplomarse tuvo el famosísimo proyecto hidráulico de Cuauhtli Badillo. Aquella “maravilla” terminó convertida en el equivalente legislativo de un “mi tío trabaja en Conagua”.
SÍ habrá recursos federales, pero muchísimo menores y absolutamente ajenas al castillo en el aire que anduvo presumiendo el mentirosillo de Cuauhtli. En fin.
