UN PRI manso obligado a despertar desde fuera.
HAY conferencias que dejan declaraciones y hay otras que muestran a quienes llevan demasiado tiempo evitando hacerlas. La de Hugo Contreras Zepeda fue una de esas.
EL delegado del Comité Ejecutivo Nacional del PRI llegó a San Luis Potosí y, en unos cuantos minutos, dijo lo que la dirigencia local llevaba mucho tiempo sin atreverse a pronunciar: que el festejo por los 20 años de la Gallardía fue operado desde el Gobierno del Estado, que hubo servidores públicos presionados, estudiantes movilizados y una promoción política anticipada.
TAMBIÉN calificó el acto como “vergonzoso” y acusó a una familia de pretender conservar y heredar el poder. No fue, por tanto, un discurso tibio.
A su lado estaba Sara Rocha, dirigente estatal del PRI, escuchando cada señalamiento. La escena era simple, pero reveladora: mientras el delegado endurecía el discurso, la dirigencia local parecía cargar con el peso de todo lo que no se había dicho antes.
EL evento no ocurrió en secreto. Las imágenes fueron públicas, los discursos también y las consignas de “¡gobernadora, gobernadora!” circularon por todos lados. El PRI local no necesitaba una investigación especial para entender lo que estaba ocurriendo; bastaba mirar.
PERO estaba ciego. O volteó hacia otro lado.
POR eso tuvo que venir alguien de fuera para explicar lo evidente. Ese es el verdadero golpe político de la conferencia: no sólo cuestionó al gallardismo, también dejó mal parado al priismo potosino.
PORQUE un partido que necesita la llegada de un delegado nacional para sonar a oposición es un partido que atraviesa una crisis de identidad.
BASTA revisar las redes sociales de Sara Rocha. En una publicación reciente, la diputada se presentó como alguien que “defiende y legisla en favor de tus derechos en el Congreso”, pero la respuesta de muchos usuarios fue demoledora: “Broma”, “Hipocresía”, “Santos Inocentes” y “Buen chiste”.
OTROS cuestionaron su cercanía con el gallardismo y hasta revivieron el tema de la camioneta. No se trata de afirmar que esos mensajes representen a toda la ciudadanía, pero sí muestran algo más difícil de corregir: la percepción.
Y en política, la percepción termina convirtiéndose en realidad cuando nadie hace nada para desmontarla. Ese es el problema de Sara Rocha: no basta con publicar que representa a la gente; hay que parecerlo.
HOY, buena parte de los comentarios en sus propias redes refleja que ese mensaje no está siendo creído. Y entonces aparece Hugo Contreras, el delegado que llega desde fuera y pronuncia una crítica mucho más dura que cualquier cosa dicha en los últimos años por el PRI local.
EL partidazo, que durante años parecía domesticado, encontró voz cuando habló alguien que no forma parte de su dirigencia cotidiana. La pregunta es si esto marca una nueva etapa, si el PRI realmente pretende recuperar su papel de oposición o si sólo fue una sacudida pasajera antes de volver a la comodidad y al cálculo.
PORQUE la credibilidad no se recupera con una conferencia, pero tampoco con publicaciones en redes sociales ni con frases construidas para aparentar hacia afuera mientras se engaña a las bases.
SE recupera tomando postura y aceptando el costo político de enfrentar al poder.
Sara Rocha tendría que reflexionar seriamente si todavía representa al PRI que su propio delegado nacional intentó mostrar en esa conferencia. Y si no está dispuesta a encabezar una oposición real, debería considerar hacerse a un lado.
O, en todo caso, responder una pregunta concreta: ¿está dispuesta a presentar una denuncia formal?
