Morena y la lavada de cara
La cosa está muy fácil: Morena grita que no va con Ruth González a la gubernatura de San Luis Potosí porque eso huele a nepotismo, y sí, huele bastante. Ruth es esposa del gobernador Ricardo Gallardo y, si busca sucederlo, la lectura es obvia: es el poder queriendo quedarse en familia.
Morena insiste en marcar distancia porque la Presidenta ha insistido en el antinepotismo, porque el tema se ve feo y porque el “no somos iguales” se les cae encima.
Hasta ahí se entiende. Lo que no se entiende —o más bien, lo que se entiende demasiado bien— es que Morena quiera separarse del Verde sólo en la gubernatura, pero seguir de la mano en todo lo demás.
Con Ruth no, pero con el Verde sí. Con el nepotismo no, pero con los votos, los distritos, los ayuntamientos y los acuerdos del Verde sí.
Eso no es congruencia, es una lavada de cara bien rarita.
El Verde ni siquiera esconde la jugada. Karen Castrejón la dirigente nacional, dijo que no habría nepotismo porque en los cargos de elección popular “decide el pueblo”. La regla antinepotismo es de Morena, no del Verde, y la ley aplicará hasta 2030. O sea, el Verde ya dijo lo que quiere: quiere a Ruth, la defiende y, aun así, pretende mantener abierta la posibilidad de un acuerdo con Morena.
Entonces Morena no puede hacerse la engañada. No puede decir “esa candidatura no va conmigo”, pero seguir repartiendo diputaciones, alcaldías y posiciones con el mismo grupo político.
Porque el Verde no cambia dependiendo de la boleta. No es impresentable para la gubernatura, pero presentable para los distritos. Es el mismo Verde, la misma estructura.
Y aquí entra otra parte que no va a gustar: la debilidad local de Morena. En sus recientes registros se vio una caballada flaca, muy desangelada: nombres desconocidos, perfiles sin fuerza real y otros con más mala reputación que posibilidades.
Si de verdad quisiera romper con el Verde, ya tendría figuras más fuertes. Pero se ve otra cosa: se ve una Mónica Rangel 2.0; mucha pose de principios y pocos… tamaños para caminar sin el Verde.
Ahora, la reforma antinepotismo también dejó una lección. La Presidenta quería que el candado aplicara en 2027, pero el bloque oficialista (incluidos los diputados federales por San Luis) lo pateó hasta 2030, justo después de la elección en la que San Luis Potosí renovará gubernatura.
Ahí está el mensaje: (dáte cuenta amiga) algunos pueden llegar siglados por Morena, pero no necesariamente le pertenecen a Morena; le pertenecen al gobernador y a su grupo.
Si Ruth es el límite moral, entonces el Verde también tendría que serlo ¿no?. Si el nepotismo es el problema, no se combate sólo quitándose de una foto.
Pero Morena parece querer verse limpio en la gubernatura y seguir aliado en lo demás; quiere decir “no somos iguales”, pero seguir sentado en la mesa donde se reparten intereses.
Si Morena no va con Ruth, pero sí va con el Verde en diputaciones y ayuntamientos, el mensaje será claro: no les molesta el cacicazgo, les molesta que se note demasiado.
No se puede decir “con Ruth no”, pero “con el Verde sí”. Eso no es principio, es conveniencia.
Y cuando la conveniencia se disfraza de moral, el problema ya no es el Verde. El problema es que Morena se preste a lavarle la cara.
Posdata: Pase lo que pase, hoy queda claro que Morena ve a San Luis Potosí como una pieza menor en el ajedrez nacional. Su prioridad parece estar en las diputaciones federales sin importarle el proyecto transexenal local que podría afianzarse.
