El PRI de SLP se pinta de Verde y guinda
El PRI potosino decidió no acompañar las denuncias que el PAN prepara contra Morena y el Partido Verde por presuntos actos anticipados de campaña y uso electoral de programas sociales.
El encargado de decirlo fue Adolfo Micalco.
Y aquí el problema no es sólo lo que dijo, sino quién lo dice y desde dónde lo dice.
Micalco habla como voz autorizada del priismo, aunque su propia historia dentro del partido tiene más hoyos que autoridad moral.
Fue expulsado del PRI por actos de todos conocidos; luego, sin mucha claridad, litigó su regreso y terminó arropado por Sara Rocha. Obviamente no volvió por la puerta grande: regresó por la puerta de atrás y, con el tiempo, se coló hasta la cocina.
Hoy preside la Fundación Colosio, y el mismo personaje que resultaba impresentable para los priistas de cepa habla ahora de instrumentos jurídicos, como si el PRI potosino fuera ejemplo de congruencia interna.
Pero da más o menos igual quién lo dijo, porque el tricolor de Sara Rocha tampoco está para repartir lecciones.
Desde hace tiempo, la dirigente estatal del PRI parece demasiado cómoda con el poder. En el Congreso, su partido se ha recargado más de una vez en el Verde: acompaña, suaviza, defiende o deja pasar buena parte de las rutas políticas del oficialismo.
No aparece como aliado formal, pero muchas veces se comporta como comparsa útil.
Por eso su distancia frente al PAN no sorprende.
El PRI no quiere denunciar junto con Acción Nacional, pero tampoco quiere incomodar demasiado al grupo que hoy manda en San Luis Potosí. Critica a Morena, advierte sobre programas sociales, habla de democracia, pero mide cada palabra cuando el asunto toca al Verde y al poder estatal.
Y ahí es cuando aparece el recuerdo incómodo: aquella camioneta que Sara Rocha presumió abiertamente haber ganado en una posada del gobernador Ricardo Gallardo, para después decir que todo era una broma.
Primero el alarde, luego la explicación absurda y después el silencio calculado.
Un episodio menor en apariencia, pero revelador en el fondo: cuando la cercanía con el poder se exhibe de más, la salida suele ser hacerse la desentendida.
Ese pasaje no es simple anécdota. Retrata confianza. Retrata cercanía. Retrata una relación política que el PRI nunca ha explicado con seriedad.
Por eso, cuando Micalco dice que el PRI actuará “llegado el momento”, la pregunta es inevitable: ¿cuándo llega ese momento para el tricolor? ¿Cuando conviene? ¿O cuando no se lastime la relación con el Verde?
Si hay uso electoral de programas sociales, debe denunciarse. Si no hay pruebas, no debe usarse como bandera.
Pero el PRI potosino no puede venderse como árbitro de la legalidad mientras acomoda expulsados, recicla cuadros y coquetea con el poder que dice vigilar.
Una cosa es pintar una raya frente al PAN.
Otra muy distinta es pintarse de Verde o de guinda sus “adversarios naturales”.
POSDATA. Vueltas que da la vida, y más la política: en noviembre, Carlos Arreola, hoy diputado con licencia, defendía abrir la puerta a financiamientos millonarios y decía que no era deuda, sino una “herramienta” para municipios.
Ahora, el propio Congreso frena créditos ante Banobras para obras básicas. Antes el dinero prestado era progreso; hoy parece pecado. La diferencia no está en la deuda, sino en quién la controla y quién puede sacar raja política de ella.
