DE pronto, la Navidad dejó de ser un asunto de luces, nacimientos y villancicos, para convertirse en un espectáculo donde el desorden se disfraza de ocurrencia…
SI usted pensó que los adornos navideños eran para el disfrute de las familias, los niños y los visitantes, prepárese, porque ahora también pueden ser escenario de conflictos innecesarios…
RESULTA que un payaso encaramado en un árbol navideño terminó provocando más problemas que sonrisas, afectando directamente el trabajo de fotógrafos que acudieron a documentar el ambiente decembrino…
Y NO, no se trata de estar en contra del arte urbano, la expresión callejera o el entretenimiento popular; se trata de entender que el espacio público no es tierra de nadie…
CUANDO las autoridades permiten que cualquier ocurrencia se instale sin planeación, sin reglas claras y sin respeto a quienes también trabajan en la vía pública, el resultado es el caos…
PORQUE mientras unos buscan protagonismo, otros pierden tomas, tiempo, ingresos y condiciones mínimas para ejercer su oficio con dignidad…
LO grave no es el personaje, ni el disfraz, ni el árbol; lo verdaderamente preocupante es la falta de criterio para ordenar el uso del espacio común, ese que debería garantizar convivencia y no confrontación…
EN una ciudad donde todo parece improvisado, la denuncia no debería sorprender: hoy fue un payaso, mañana será cualquier otro “detalle” que termine afectando a terceros…
LAS festividades no justifican el desorden, ni la omisión de la autoridad, ni la falta de sensibilidad hacia quienes trabajan legalmente en el mismo entorno…
SI la Navidad es tiempo de paz, alguien debería avisarle a quienes confunden el espíritu decembrino con hacer lo que se les da la gana…
POSDATA: San Luis Potosí no necesita más adornos improvisados; necesita reglas claras, orden y respeto. La alegría también se administra.
