Leonel Mora
[San Luis Hoy]
A la par de la fe religiosa que ayer jueves movió multitudes en la Visita de los Siete Altares, la fe en las bebidas “espirituosas”, llevó desde temprano a numerosos grupos a la ya tradicional visita a los siete bares.
En el cruce de las calles de Reforma y Melchor Ocampo, decenas de personas esperaron turno para entrar al pequeño bar El Escalón y otros hicieron fila afuera del muy cercano bar Reforma o “Reformita”, como se le conoce popularmente.
Estos dos sitios, desde hace años, forman parte del circuito que recorren grupos de turistas locales y foráneos para conocer los bares más antiguos y tradicionales de la capital potosina. En cada edición, los grupos son más numerosos y obligan a modificar los recorridos y visitar otros bares no tan tradicionales, pero igual de interesantes.
Los guías aportan datos históricos de cada lugar y recomiendan las bebidas especiales que ahí se preparan. Otros sitios muy visitados en estos recorridos son El Pinín, Bar Rulo’s, El Peñasquito, Bar Mi Casita, El Tampico y El Radio.
Los visitantes, hombres y mujeres por igual, entran, beben una o dos cervezas, y deben salir de inmediato para dar espacio a los que vienen detrás.
Para el recorrido, los organizadores recomiendan vestir ropa y calzado cómodos, sombreros o cachuchas para protegerse del Sol, así como bloqueador solar.
Como dato curioso, algunos parroquianos asistieron vistiendo túnicas al estilo de los hebreos de los tiempos de Jesucristo.
Se dice que la tradicional visita a los siete bares fue iniciada hace 16 años por el potosino Francisco Esparza y un reducido grupo de amigos. La experiencia fue tan exitosa, que más personas fueron uniéndose al grupo. Luego surgieron grupos diferentes y la iniciativa se ha replicado incluso en otras ciudades y estados del país.
Para los bares, la fecha es una ocasión importante para incrementar los ingresos, por lo que deben de abastecer sus refrigeradores a toda su capacidad, a fin de atender una demanda creciente de clientes que quieren cumplir la visita completa, aunque al día siguiente, éstos deban pagar la penitencia de la terrible cruda.