Alfredo Narváez
Lyon, Francia.- Inicio mi autoasignada labor de corresponsal de Pulso frente al monumento dedicado al piloto de guerra y novelista Antoine de Saint-Exupéry, quien con el Petit Prince al hombro, parecería que observan atentos la plaza Bellecour, el lugar que se ha convertido en el destino de la segunda manifestación social en Lyon.
El espacio público abierto está sitiado, todas las calles que convergen en sus cuatro lados, se encuentran bloqueadas por camiones -blancos y azules- de la policía. Alrededor de los vehículos, numerosos elementos, hombres y mujeres, equipados con cascos, hombreras, petos, espinilleras, rodilleras, escudos, gases lacrimógenos… algunos incluso, portan rifles.
Levanto mi teléfono y tímidamente les tomó una foto. Esperando una reacción negativa pero no, solo me observaron -lo cual también es incómodo- y me retiro de ahí.
En la primera vuelta al interior de la plaza observo que sigue pintada y casi solitaria la segunda versión de la escultura dedicada a quien se le conoció como El Rey Sol, Luis XIV, instalada en 1825. Por cierto, esta figura ecuestre sustituyó a la primera versión de 1713 y que fue destruida en la revolución de 1793. Este año terminó la restauración de la misma, arreglos que solo duraron unos meses y costaron miles de euros.
Son las 13:35 horas y en el sitio no estamos más que un puñado de curiosos sentados en los muebles instalados por el alcalde ecologista de Lyon, quien por cierto habla un perfecto español. Faltan 25 minutos para que llegue la hora que los manifestantes anunciaron para que sea la iniciación de la marcha que representa la continuación de la efectuada hace exactamente siete días y que convergió en daños y robos a diversos negocios.
Camino apresuradamente hacia la Rue de la Republic, escenario de los desmanes de la pasada semana donde esta vez, los comercios blindaron en madera sus ventanales y accesos tal vez porque esperan una segunda ola igual o más virulenta.
Luffy en Lyon
Regreso a la plaza y se han congregado ya varios jóvenes, una gran mayoría porta mochila pero todos visten uniformemente, color negro. El ambiente se siente tenso ya son las 14:07 horas.
Quienes vamos obligados por la curiosidad, observamos a uno y otro lado del área: los chavos reunidos casi juntos, platican en voz baja, observan al piso y dirigen discretas miradas para ubicar a los elementos de las fuerzas del orden… ubicándolos pues, es lo más lógico. Arriba en el aire, un helicóptero policial permanece fijo, sin moverse, vigilante.
Transcurren los minutos, de repente un grupo de jóvenes saca la bandera pirata de Luffy, el del sombrero de paja de One Piece. Parece que ese acto es la indicación para congregarse y dar el siguiente paso. Pienso ‘ya empezó el desmadre’ al ver que casi todos los muchachos se levantan y caminan hacia los portadores de la bandera.
Pero el aventurero que llevo dentro de mí se desilusiona porque observo que los chicos no se aprestan a iniciar lo que yo vine a ver, sino para salir de la plaza rumbo al este.
Casi en un alarde de provocación el centenar -o más- de jóvenes pasan junto a las camionetas y elementos policiacos, son observados por estos, vigilados… siguen su trayecto para cruzar el Pont de la Gillotière perdiéndose en la calle.
Anarquistas
amateurs
Los que optaron por quedarse se ven rodeados por los oficiales quienes les ordenan abran sus mochilas y vacíen sus bolsas de chamarras y pantalones. Tengo la teoría que debido a su juventud e inexperiencia, se sintieron vulnerables. Sus comportamientos y reacciones frente a los gendarmes los delataba. A todos los quitaron tapabocas, lentes de esquí o motociclismo, hasta botellas de pintura en spray.
Algunos intentaron de justificar algo pero se retiraban balbuceando ‘¡merde!’ Algo me queda claro, no iban preparados para actuar sino para protegerse en caso de que sucedieran desmanes.
En el lejano barrio de La Gillotiére -hacia donde los jóvenes que abandonaron Bellecour, se dirigieron- se convierte en el escenario de la aparición del famoso y temido “Bloque Negro”. Ya son las 14:45 horas.
Revisando mis pertrechos, me percaté que no estaba en las condiciones de aventurarme en una batalla ajena, ni como observador. Es más, dos puentes más adelante, en el Pont Gallieni comprobé mis sospechas. A lo lejos -no supe si eran los del sindicato de alumnos o los del bloque negro- pero los del grupo que caminaban eran desviados hacia el sur, entonces hubo intercambio de proyectiles. Yo estaba lejos, apenas distinguía las figuras humanas sin embargo de inmediato me percaté que en el ambiente apareció un fuerte olor dulce-madera y mis ojos comenzaron a lagrimear.
Llanto por Francia
Un policía de casi dos metros ataviado como para la guerra me dijo “retírese” y con los ojos llorosos y entreabiertos decidí obedecerle y claudicar en mi propósito.
En los noticiarios me entero que aquí en Lyon las autoridades reportaron algo así como 10 mil manifestantes… lo más cerca que estuve de ellos fueron el centenar de jóvenes que se salieron de Bellecour. El intercambio digamos violento entre manifestantes con la policía se concentró en La Gillotière, un puñado de detenidos y una columna de humo que se observaba desde lejos.
¿Quién ganó y quién perdió? La autoridad logró su objetivo de blindar el lugar, los pocos que llegaron a la plaza finalmente la abandonaron. Los manifestantes, el sindicato de estudiantes, hizo su marcha pacífica y los del bloque negro, concretaron su desmadre pero aparentemente sin daños mayores comparando con los hechos de hace una semana. Yo, nomás derramé lágrimas… por el nuevo hogar de Tiago y Mathis.
