PUES YA engordó otra vez el expediente. Enrique Galindo dice que a las 14 obras que llevó ante la Suprema Corte, acusando al gobierno de detenerlas a la malagueña, ahora suma otra decena que andan atoradas en la Contraloría.
Y es que apenas le soltaron una parte y ya regresó con más pendientes. El gober debe estar encantado: el alcalde le salió cliente frecuente.
GALLARDO, por su parte, todavía trae atravesado el episodio de la protesta por agua. Según contó a Pulso, Galindo le pidió ayuda y luego publicó un video echándole la culpa al estado. Lo platicó y remató: “¿para qué chingados me estás hablando pidiéndome que te ayude si vas a subir un video?”.
GALINDO, mientras, ya volvió a la Corte. Sale más elegante decir “ampliamos la controversia constitucional” que “ahí les va otra güadaña”.
CADA OBRA pendiente le acomoda en su papel de agraviado. Quiere pavimentar, quiere remodelar, quiere trabajar, pero “allá no lo dejan”. Hasta parece que sin la Contraloría ya pareceríamos Dubai.
SI le liberan los proyectos, presumirá que dobló al estado. Si no se los liberan, podrá seguir diciendo que lo frenan.
GALLARDO tampoco ayuda mucho a quitarle ese papel. Después de contar lo difícil que es tratar con un alcalde “destapado”, cualquier demora viene con dedicatoria, incluso aunque la Contraloría pudiera tener razones para hacer observaciones. El gobernador ya contó que el vecino le cae pesado.
Y conociendo a Gallardo, quizá hasta le resulte sabroso tenerlo ahí, formado frente a la ventanilla, “mosqueándose” nomás. Pero eso sí, Galindo ya encontró cómo salir en la foto mientras espera.
Pero hablando del nuevo proceso, esta vez el alcalde capitalino llevó una lista con domicilio y el recorrido de las obras pendientes, quizá le puede servir también para darse una vueltecita política. Nada más de pasada, cómo no.
Y pa’ rematar, Galindo, generosamente ofrece reunirse con Gallardo o con el titular de Seduvop. Tras ampliar la demanda, manda decir que está puesto para platicar. Chale, es como aventarle una bolsa de basura al patio del vecino y luego preguntarle si no gusta un cafecito.
EN PALACIO deben recibir la invitación con unas ganas tremendas. Seguramente antes de sentarse van a preguntar si la reunión incluye transmisión.
LA CONTRALORÍA, por su parte, quedó de portera en esta maldita vecindad. Le toca abrir, cerrar y escuchar los reclamos, mientras los dos señores se asoman al balcón a contar su versión. Quién sabe cuánto del atasco tenga explicación administrativa. Lo que sí se ve es que ambos buscan cómo hacer rendir el pleito.
PARA SENTARLOS harán falta dos banquillos en esquinas opuestas. Y si por fin se dan la mano, habrá que esperar los videos de cada uno: seguro ambos van a presumir que el otro aflojó.
POSDATA: Los tendederos universitarios, que muchas mujeres utilizan genuinamente para denunciar acoso y abusos, ya parecen más corrompidos que la familia del Peje. La semana empezó con protestas contra “maestras abogadas” y porras para la directora de Derecho, Georgina González.
Y en la misma semana aparecen tendederos con una saña peculiar contra ella. De las porras a la quemada.
ALLÍ los grupos se llevan bien feo y el cambio radical huele a ajuste de cuentas. Pero bueno, cada quien sabrá con quién trae pleito, pero usar las denuncias de las mujeres para golpear al bando contrario ensucia una protesta genuina contra el acoso. Los señalados por abusos, encantados de que ahora el escándalo sea quién puso el tendedero.
