No hubo procesión pero sí paseantes

Martín Rodríguez

[San Luis Hoy]

No saben resucitar y salieron de casa. Se arriesgaron a pasar del cortejo procesional al cortejo fúnebre. Buscaron belleza y encontraron suciedad, aglomeraciones y riesgo de contagios.

La religión explica en sus escrituras que Jesucristo resucitó al tercer día, luego de ser crucificado junto con dos ladrones, acto que derivó en conmemoraciones como la Procesión del Silencio, ausente de las calles adoquinadas de San Luis Potosí desde 2020.

Cuando los epidemiólogos se dieron cuenta aquellos miles que llenaron las calles ya se habían salido de su crucero, sí, ese lugar de cuatro muros en el que cruzan para el cuarto, para la cocina, para el baño, para el patio, para la recámara…

Salieron y no precisamente por devoción religiosa, sino porque había que despabilarse y fingir que no hay semáforo de alerta.

Salieron de casa, mientras a 5 kilómetros del centro, en San Juan de Guadalupe recordaron al Cristo en casa. Sólo en la cabeza de los aventureros está saber si escogieron su camino al cielo, justo cuando se dispararon otra vez los contagios de coronavirus.

No encontraron ninguna de las 30 cofradías. Caminaron y se encontraron con otros imprudentes.

Lupita, la vendedora de periódicos de la Calle Morelos, nada más los contaba.

Ningún cofrade anduvo por las calles, no caminaron plañideras ni nazarenos, y sí en cambio peregrinos aerosoles que podrían salpicar coronavirus, y que en forma irresponsable, salieron a aumentar sus opciones de llevar un “souvenir” en los pulmones.

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