Bitácora

PODRÍA pensarse que quien asesora en el discurso al gobernador es su peor enemigo; nadie tiene ideado un mecanismo de contención del argumento, para como mínimo, moderar sus pronunciamientos mientras se desenvuelve en eventos públicos…

ESTE jueves y a a pesar de que el audio fue cortado en las redes sociales, el gobernador pronunció una serie de frases desafortunadas, en las que comparó las noticias de la muerte de un trabajador de albañilería con las denuncias de corrupción por la administración local del agua en la zona urbana…

CIERTAMENTE, ambos asuntos revisten importancia, porque lo que menos debe suceder es la muerte de una persona, y tampoco debe estar la mesa puesta para consumar actos de corrupción…

SIN embargo, en este segundo asunto, luego de que se habló de una presunta corrupción en el manejo de los recursos por 150 millones de pesos entre el Ayuntamiento y el Interapas, el organismo operador reveló detalles de los recursos que ya fueron finiquitados, y hasta ahora no hubo respuesta del gobierno que desmintiera la explicación del organismo operador…

MIENTRAS el gobernador presentaba una obra de reconstrucción en una unidad deportiva de la colonia San Francisco, se quejó de la forma en que aparecieron en forma paralela en medios de comunicación la noticia de su denuncia contra el Interapas y la información referente a la muerte de un trabajador que participaba en la construcción de las estructuras para soportar la que se denominará Arena Potosí…

EN un discurso sin planeación, dijo que se le dio un trato destacado a la nota de la muerte de un trabajador “que ni era de San Luis Potosí”, afirmación muy desafortunada, a la que agregó esta frase: “Que sigan chingando, necesitamos diversión. A mí me gusta la sangre, ver arder el mundo”, frase replicada por corresponsales en medios nacionales, de los que por ejemplo Pascal Beltrán del Río, del Excélsior, publicó en su cuenta de Twitter un reclamo, por la referencia directa de los medios de comunicación…

ES cierto que los gobernadores de los últimos 20 años han ofrecido notorios contrastes de carácter; Marcelo de los Santos era gustoso de las cosas suntuosas, y de exigir perfección en la obra pública y gastar lo que se tenga que gastar; Fernando Toranzo más bien era temeroso y de una administración estatal bastante tranza, que hace sospechar que se dio cuenta que era gobernador casi el último día de su mandato; de Juan Manuel Carreras, se puede hablar de su muy pobre huella para la historia, en la que técnicamente no deja ningún legado, y de Gallardo, su peculiar estilo, pero también su ira que estalla en segundos…

DE sobra es sabido que cuando alguien explota y arma un relajo y una andanada verbal, compró un boleto que ya no tiene regreso, y tiene como única opción resignarse a aguantar lo que venga, por aquello de no controlar sus dichos, sus imputaciones y hasta el daño moral causado…

EL de ayer, fue un discurso que cualquier asesor en su sano juicio hubiera frenado, o al menos habría puesto sobre la mesa del análisis de contención de daños…

DEMASIADO tarde…

EL gobernador no pasó un buen jueves en medios de comunicación nacionales, que lo dejaron muy mal parado, cuando llevó su pelea con el inquilino del palacio de enfrente mucho más lejos que un simple acto de discutir ideas y confrontar acciones de gobierno; o se va por la vía libre, o los carísimos asesores no están haciendo su trabajo, y ahí están los resultados…

POR lo pronto, salió lo más complejo de su ira, pero lo que después se dio cuenta que dijo, deberá servirle como experiencia del amargo día de que se le fue de las manos, su propio discurso.

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