Bitácora

EL 28 de mayo de 1995, en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, los equipos de los Pumas de la UNAM y las Águilas del América disputaban la final de vuelta de la temporada 1994-1995, cuando un grupo numeroso de pseudoaficionados dieron “portazo” en el túnel 29 provocando una estampida humana donde 8 personas fallecieron aplastadas y asfixiadas, desde esa fecha, no se veía en el futbol mexicano un episodio más negro, lamentable, condenable, vergonzoso, abominable, indignante, penoso y de gran estupidez humana, como el vivido el pasado sábado en el estadio “La Corregidora”, donde un partido de la fecha regular de la Liga MX entre el Atlas y los anfitriones Gallos de Querétaro, fue suspendido abruptamente después de que estallara una monumental riña campal entre seguidores de estos dos equipos en las tribunas, que se trasladó a la cancha y hasta el exterior del inmueble…

LOS innumerables videos de las salvajes golpizas a personas inertes en el piso del estadio, donde las víctimas eran agredidas con palos, sillas, cinturones, tubos, a patadas y a puño limpio, circularon al instante y profusamente en las redes sociales, los primeros reportes no oficiales hablaban de al menos 17 fallecidos, ante las crueles y violentas imágenes las cifras de muertos eran creíbles, al final de cuentas, las autoridades solo confirmaron 26 lesionados, tres de ellos de graves, pero que no haya decesos después de esta artera y cobarde agresión no le resta gravedad al asunto…

COMO sociedad, nos debe de preocupar en grado superlativo los hechos violentos del pasado sábado. ¿A qué grado de putrefacción y descomposición hemos llegado cuando sólo por portar una camisa de un equipo rival es motivo suficiente para arremeter violenta e irracionalmente a golpes contra las personas, y dejarlas gravemente heridas y al borde de la muerte?, ¿cómo el espectáculo del futbol pasó a ser un evento familiar de convivencia sana a ser una salvaje cacería humana, que sólo se veía en los motines de los penales más peligrosos?, ¿cómo llegamos a reprimir nuestras frustraciones, enojo, furia y explotar violentamente con agresiones por ir perdiendo un partido de futbol?, definitivamente esto es una evidente pérdida total de valores en la sociedad mexicana. Claro que como sociedad no podemos evadir la responsabilidad de la violencia extrema, pero no por eso las autoridades, tanto del gobierno del estado, municipales, incluso de la Liga Mexicana de Futbol y la Federación Mexicana de Futbol, pueden eximirse de lo sucedido. Como siempre después de una tragedia vienen las declaraciones de los funcionarios, lugares comunes como “condenamos”, “lamentamos”, “se está investigando”, “se castigará a los responsables”, “caerá todo el peso de la ley” “no habrá impunidad”, “se tomarán las acciones pertinentes”, entre otras muchas estupideces…

AL gobernador de Querétaro, el panista Mauricio Kuri, de nada le vale lamentar y entristecerse por los hechos, la seguridad en el estadio y en cualquier otro evento masivo era la responsabilidad del estado y del ayuntamiento, no hay más; en tanto, el presidente de la Liga MX, el priista Mikel Arriola debería de renunciar, al final de cuentas también es su responsabilidad garantizar la integridad de los asistentes a los partidos organizados por este ente, ¿de qué demonios sirve que ahora no se permitirán la asistencia de las barra o porras de los equipos visitantes a los estadios?, qué lamentable que ahora no sólo seamos noticia mundial por la violencia en las calles, sino ahora también en los estadios…

PASANDO a otros temas, según datos del INEGI de los casi 3 millones de habitantes que tiene SLP menos de la mitad está afiliado al IMSS, debido a que una buena cantidad de potosinos se encuentra dentro de la economía informal, es totalmente injusto e inexplicable que mientras más de medio millón de ciudadanos estén en completa indefensión al no contar con servicio médico, alrededor de 4 mil 500 trabajadores sindicalizados del gobierno del estado no sólo cuentan con uno sino con dos servicios médicos: El privado y el IMSS, por cierto a este último muy poco acuden, pues se decantan por la atención en exclusivos y “fifís” nosocomios a costilla de nuestros impuestos, el costo de mantener estos dos servicios a los burócratas ronda los 50 millones de pesos mensuales, es decir, 600 millones de pesos de nuestros impuestos para que los burócratas tengan dos servicios médicos, ya es hora de que el gobierno acabe con esta injusticia y despilfarro y dejar un solo servicio médico a sus empleados sindicalizados, con lo que ahorrarían hasta 300 millones de pesos al año, unos mil 800 millones durante el sexenio, recurso suficiente para construir un par de hospitales en zonas donde se requieren y no en una casta dorada como la burocracia sindicalizada…Armando Acosta

 

 

 

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