Bitácora

DICEN que los genios mueren jóvenes, ayer, a sus 52 años, falleció nuestro entrañable amigo y compañero, el periodista, cronista, historiador, pero sobre todo un extraordinario ser humano, Eduardo López Cruz, mejor conocido como “Calek”. Lo conocí a finales de los años 80´s, en la época universitaria, desde entonces un bohemio devorador compulsivo de libros, a pesar de su juventud, con un gran bagaje cultural como pocos, con su voz ronca y su cigarrillo siempre entre los labios y de preferencia acompañado por un buen vino, “Calek” podría hablar por horas de literatura, cine, historia, música, política y filosofía, junto a Marco Antonio Flores “el Tadeo”; Jesús “Chuy” Juárez (QEPD) y Jaime Contreras, quienes conjugaban sus estudios en la entonces escuela de Ciencias de Comunicación, con sus empleos de reporteros, una generación de comunicadores como pocas…

EN 1993 funda este diario, San Luis Hoy, donde junto con Alejandro Soulé Ramírez, su entrañable compadre -quien compartía con “Calek” su obsesión por el conocimiento, los libros y el cigarro- y un gran equipo, sentaron los cimientos para que San Luis Hoy se convirtiera desde su inicio y hasta la fecha, en un diario importante y de la preferencia de los lectores potosinos. Durante varios años Eduardo López Cruz escribió con ese estilo impecable, cáustico y entretenido que lo distinguía esta columna; “Bitácora”, además de su colaboración semanal “Quórum”, pero además y no menos importante, “Calek” formó a varias generaciones de periodistas…

POSTERIORMENTE “Calek” emigró a otros proyectos periodísticos, pero se dedicó a lo que realmente le apasionaba: escribir y la historia, así como la producción y conducción de programas de televisión como “Ahora que me acuerdo” y “Lengua larga”, transmitidos en el Canal 13 local. Verdadero cronista de nuestra ciudad, siguiendo los pasos de Rafael Montejano y Aguiñaga, Joaquín Antonio Peñalosa o Álvaro Muñoz de la Peña, López Cruz fue autor de libros como “Por abajo del agua”, Lengua Larga”, “Con Todo, para llevar” y “Díganme si estoy mintiendo”, aportando a la microhistoria potosina datos y relatos mucho más consistentes, profesionales y de gran valía que la cronista “vitalicia” de la ciudad, Isabel Monroy, quien tiene décadas de ostentar el cargo sin aportaciones destacadas…

DURANTE los últimos meses a “Calek” lo aquejaba la enfermedad, internado desde hace unas semanas, Eduardo, lamentablemente perdió la batalla ayer, pero nos queda su recuerdo, su amistad, su nobleza, sus anécdotas, sus libros y su empeño por preservar la memoria de San Luis Potosí, de la ciudad, de sus personajes, de describir con pulcritud histórica detalles como que inexplicablemente se le dé nombre de José de Gálvez a una larga avenida, si fue un cruel visitador español del siglo XIV, que aplicó mano dura en la revuelta de 1767 cuando habitantes de los barrios y los mineros de Cerro de San Pedro se amotinaron en protesta por la expulsión de los Jesuitas, “Gálvez puso especial atención al refinamiento de la violencia. Colgó a los principales líderes de los alzados, decapitó a algunos y ordenó empalizar sus cabezas en la azotea de sus casas, para que estuvieran a la vista; a algunos les cortó las manos y la lengua y otros murieron descuartizados. Los más afortunados recibieron doscientos azotes y fueron desterrados junto a la familia de los muertos de por vida y por varias generaciones”, escribió “Calek” en su libro “¡Díganme si estoy mintiendo!”…

PERO también documentó en su libro “Con todo, para llevar”, la historia de la comida y bebida popular en San Luis Potosí, desde el origen de las enchiladas potosinas, las gorditas de Morales, los tacos Camila, las tortas, hasta la historia de Canel´s, Aguas de Lourdes, los Abarrotes Uruapan, las panaderías o cafeterías como “El Tokio” o “Polos Café”, relatados de una forma genial y pulcra…

NOS despedimos con un poema de Eduardo López Cruz, incluido en su libro “Con todo, para llevar”, titulado “Gorda a Dios en las alturas”, que dice así: “Congreso de sabores sibaritas, de queso, chicharrón o de frijoles, relleno va también de varios moles, el vientre barrigón de las gorditas. Tortilla envanecida de manteca, pariente del maíz de los atoles, que va de Matehuala a la Huasteca, en lucha fraternal con los bocoles. En pase de taurino capotazo, la tiende en el comal nuestra gordera y pone a calentar de un fogonazo la gorda marsupial y al que la espera. Se come con la boca y con los ojos, demócrata comida callejera que cabe en el estómago cualquiera, princesa diametral de los antojos”. Descansa en Paz querido “Calek”…Armando Acosta

 

 

 

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