30-08-21

DEL 13 de marzo del año 2020 hasta nuestros días, han pasado casi un año y seis meses, desde que las autoridades sanitarias y educativas de México nos mandaron a todos a casa y se dio el compás de espera en tanto se inventaban la forma de comunicar a las maestras y sus niños, y reinventar el proceso educativo, con todo el daño que implica salirse de las aulas…

DE pronto los dos entes tuvieron que reinventar su forma de llegar a los alumnos, y los padres de familia se quedaron desarmados con su justificación de que los valores se enseñan en la escuela; ahora sí, ya con los pequeños en casa el saber ser padre de familia enfrentaría su primera prueba de fuego…

SIN embargo, la falta de valores se trasladó a quienes aprovecharon la ausencia de los maestros y de la alegría de los estudiantes, para de vez en cuando romper el silencio de los planteles educativos y aceptar cristalazos para robar el mobiliario que mantenía a los pequeños atentos a las indicaciones de sus docentes, llevarse los tubos de agua o mandar a la pepena miles y miles y miles de metros de cables que alimentaban de energía los focos de las aulas…

LA inseguridad pública alcanzó a los salones de clases, y es fecha que los cuerpos de policía no explican porqué los operativos de vigilancia jamás impidieron los robos; es frecuente que la leyenda urbana cuente historias de relaciones de complicidad entre policías y ladrones…

TAL vez, las escuelas estarían mejores condiciones, si hubieran contado con el internet que prometieron los gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y del que la actual administración Federal ya no puso atención por estar ocupada en la creación de su propio stock de universidades y por la planeación educativa muy a su modo, por cierto desapareciendo instituciones útiles como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que equivocadamente se decía que era la que aplicaba los instrumentos de evaluación del sexenio peñanietista, para el injusto retiro de profesores, según los parámetros, “no aptos”; el INEE era un órgano evaluador de todo el sistema educativo, y no de los profes…

DE vuelta a las escuelas ocupadas, el trabajo de los docentes en el aula con un buen internet, aunque sin alumnos, aguante perfectamente un semáforo rojo, pero siempre y cuando, los gobiernos hubieran cumplido con un potente servidor de ancho de banda envidiable, para llevar las clases de la escuela, y por lo menos estar pendiente de revertir los efectos del saqueo de los planteles y de la progresiva población de vándalos que destrozaron todo lo que encontraron a su paso…

EN el recuento de los daños, alumnos de todas las escuelas se encontrarán con la sorpresa de que su escuela ya no tiene luz ni agua, que ya no encontrarán los pupitres bien cuidados, y se hallarán otras caras, niños que perdieron a sus papás, tíos o abuelos, y otros que amanecen en una nueva escuela, y jamás se reencontraron con sus compañeros de salón que los vieron crecer…

OTRO de los daños, es el social; los pequeños se reencontrarían con sus amiguitos, pero a un año y medio de distancia ya no son los mismos, poco a poco van cambiando de actitud, y ahora tardan en reconstruir sus relaciones de colaboración y trabajo en equipo y la amistad…

[email protected] al estado de abandono de las escuelas que hasta marzo de 2019 eran alegres, y escenario de las preocupaciones cotidianas de los estudiantes que querían pasar sus materias…

CON todos los riesgos, el sistema educativo comienza con la estrategia de tratar de ganar tiempo para que estudiantes regresen con su profesora, con el precio del riesgo de contraer el virus.

PD. Habrá que esperar, pero inflar la nómina y dedicar sueldos a gente que cobra honorarios, necesita una justificación que hasta donde se sabe, no se encuentra en un trabajo legislativo en medio de la pandemia. Sin duda, inflar con personal de honorarios la nómina del Congreso, es seña inequívoca de que se sigue convirtiendo en una cueva de… “chupanóminas”.

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