Paramédicos, auténticos héroes

(AP)

Ciudad de México.- Suena el teléfono y Óscar Becerril, uno de los coordinadores del equipo de paramédicos de Iztapalapa —el barrio más poblado de Ciudad de México y el más azotado por la epidemia del nuevo coronavirus— escucha la emergencia y da la señal de alarma al resto de compañeros.

Se trata de un posible positivo por COVID-19, así que solo pueden utilizar una de las tres ambulancias preparadas para este tipo de traslados.

A quienes les toca el servicio cubren sus botas y se ponen el equipo de seguridad. Primero un traje azul, luego un mono blanco, se colocan los lentes, dos pares de guantes, ajustan sobre su cabeza la capucha de los trajes y por último un cubrebocas. Protegerse es vital. Todos piensan en sus familias.

“Nosotros estamos capacitados para nuestro trabajo, nos entregamos a él”, explica Tania Quesada, una de las paramédicos. Pero “yo me cuido más de lo normal por mi familia”.

Tras recorrer las calles por más de cuatro horas en las ambulancias, los paramédicos regresan a su base. Ya ha caído la noche y están exhaustos.