Sufrió despojo en Moscú 1980

[El Universal]

CIUDAD DE MÉXICO.- Cada detalle técnico, táctico, físico, atlético y anímico fue tratado quirúrgicamente. Perfeccionado en el agua y en la mente de Carlos Girón, que en Moscú 1980 llegó con la mejor preparación de su carrera.

El clavadista mexicano y su entrenador Jorge Rueda no quisieron dejar nada al azar, pero en aquellos años de la Guerra Fría en los deportes de apreciación se inclinaron a favor de la poderosa Unión Soviética.

Es 23 de julio. Final del trampolín de 3 metros. Girón se coloca en la punta de las calificaciones al concluir los cinco saltos obligatorios de la primera ronda. El local Aleksander Portnov le sigue de cerca.

En la alberca olímpica el momento cumbre está por ocurrir.

“Me acuerdo que en la penúltima ronda me alcanzó Portnov. La pelea ya sólo era de los dos al estar tan adelantados. El oro era para él o para mí. Y llegó el momento decisivo para él. Segundos antes se registró un récord en la alberca que causó un alarido que a Portnov no le importó puesto que se lanzó. Para su mala fortuna falló el clavado, pero los delegados de su país protestaron argumentando que un grito lo sacó de concentración. Con la presión del público, el clavado se repitió y lo ejecutó de buena forma para conseguir la medalla de oro”, recordó en 2016 Girón vía telefónica desde su consultorio dental en Puerto Vallarta.

Plata para el mexicano Carlos Girón, que inició a bañarse en las aguas de Acapulco arrojándose del malecón por una moneda a la edad de 10 años. Una década y media después, las monedas que sustraía del Pacífico mexicano se convirtieron en una medalla.

En aquella vez en la justa olímpica de Moscú, el mexicano sostiene que no sintió desilusión al atestiguar cómo el oro se transformó en plata, ya que él como atleta hizo todo lo posible para que se escuchara el himno nacional, pero una mala decisión de Javier Ostos Mora, delegado mexicano que no se atrevió a reprochar la decisión de los jueces, lo impidió.