Bahameños intentan reiniciar su vida

[AP]

NASSAU, Bahamas.- Miles de sobrevivientes del huracán Dorian llenan los botes y aviones en la capital de Bahamas, enfrentados a la necesidad de iniciar nuevas vidas, preguntándose cómo hacerlo o por dónde empezar.

Algunos debatían sus próximos pasos sentados en vestíbulos de hotel. Otros viajaban en autobús a refugios a rebosar. Algunos eran recogidos por amigos o familiares que les ofrecían un lugar donde quedarse un tiempo en New Providence, una isla de unos 13.000 habitantes que no había visto tanta gente llegar a su orilla en la historia reciente.

Carla Ferguson, una vecina de 51 años de Treasure Cay, salió el lunes por la tarde de un pequeño aeropuerto en Nassau con su hija y otros parientes y miró a su alrededor mientras se ponía el sol.

“No sabemos dónde vamos a quedarnos”, dijo. “No lo sabemos”.

Ferguson y su familia llevaban una gran bolsa de lona y tres cajas de plástico, la mayoría llenas de ropa donada que recibieron antes de abandonar su pequeña y devastada isla.

“Nadie se merece pasar por esto”, dijo su hija, Dimple Lightbourne, de 30 años, mientras se enjugaba las lágrimas.

El gobierno estima que solo en las Islas Ábaco, que incluyen Treasure Cay, hasta 10.000 personas necesitarán comida, agua y alojamiento temporal, y las autoridades estudian levantar asentamientos con carpas o contenedores mientras despejan los escombros en el arrasado norte del país para que la gente pueda volver con el tiempo.

Volver a Ábaco es el sueño de Betty Edmond, una cocinera de 43 años que picoteaba unas papas fritas el lunes por la noche mientras cenaba con su esposo y su hijo en el restaurante de un hotel en Nassau. Su sobrino les pagaba la estancia.

Los tres llegaron a Nassau el sábado por la noche tras seis horas de viaje desde Ábaco y tenían previsto volar al sur de Florida el miércoles gracias a pasajes comprados por amigos, que les ofrecerán alojamiento temporal hasta que puedan encontrar empleos. Pero su objetivo es regresar, dijo Edmond.

“El hogar siempre será el hogar”, dijo. “Cada día deseas que pudieras volver”.

“Intentas conservar la esperanza, pero…”, añadió, antes de que se le quebrara la voz mientras sacudía la cabeza.

La odisea, sin embargo, era emocionante para su hijo de 8 años, Kayden Monestime, que dijo estar deseando ir a un centro comercial, a McDonald’s y a Foot Locker.

En lugar de iniciar la escuela el lunes como estaba previsto antes del paso de la tormenta de categoría 5, Monestime pasó el día acompañando a sus padres al banco y a un refugio mientras se preparaban para mudarse a Estados Unidos.

También viajaba a Florida Shaneka Russell, de 41 años, propietaria de Smacky’s Takeaway, un restaurante de comida para llevar que abrió en 2005 y recibió su nombre de los sonidos que hacía su hijo cuando era un bebé. La madre de Russell gestionaba el negocio, que quedó destruido por Dorian.

El lunes esperaba en una silla de plástico blanco bajo una lona de plástico blanco a que su hijo de 13 años llegara de Ábaco.

Personas solidarias la habían acogido a ella y a otro grupo de personas en su casa durante el fin de semana y les reservaron un hotel en Nassau para un par de días.

“Al saber que vamos a ir a un hotel, con electricidad, con aire acondicionado y una ducha de verdad, lloré”, dijo. “En mi vida había pasado por algo como esto”.

Dorian arremetió hace una semana contra las islas Gran Ábaco y Gran Bahama como uno de los huracanes más fuertes jamás registrados en el Atlántico. Al menos 44 personas murieron, y los trabajadores de emergencias esperan encontrar a más víctimas.

Varios bomberos de Gainesville, Florida, revisaban en Gran Ábaco las ruinas de The Mudd, el mayor barrio de inmigrantes haitianos en Bahamas.

“Probablemente hemos recorrido como mucho una décima parte de esta zona, y por ahora hemos encontrado cinco restos humanos”, dijo Joseph Hillhouse, jefe asistente de bomberos de Gainesville. “Basándonos en el tamaño de nuestra muestra, yo diría que vamos a ver más”.

Después de que los equipos estadounidenses recuperasen los cuerpos, la policía de Bahamas y las autoridades sanitarias intervenían para realizar autopsias y llevar los cuerpos al sur, a Nassau.

“Aún quedan más cuerpos”, dijo Genoise Arnold, residente de The Mudd, que sabía de al menos tres vecinos muertos en la tormenta.

Arnold dijo que un vecino se había aferrado a un árbol al paso del huracán y sucumbió en la inundación que invadió el barrio de baja altitud. Otros se vieron atrapados bajo sus casas cuando el viento convirtió las estructuras en astillas, dejando a los vecinos expuestos, señaló.

Las enormes montañas de escombros que dejó el meteoro planteaban dificultades para los rescatistas, que no pueden utilizar topadoras para buscar cadáveres. Eso convierte la recuperación e identificación de víctimas en un proceso lento.

En Estados Unidos se atribuyen al menos cinco muertes a la tormenta, y otra en Puerto Rico.

Lightbourne, la vecina de Ábaco que ahora está en Nassau, dijo que no podía esperar a dejar atrás el desastre creado por Dorian.

“No quiero ver las Bahamas durante un tiempo. Es estresante”, dijo. “Quiero ir a Estados Unidos (…) Este es un nuevo capítulo. He arrancado todas las páginas, denme un libro nuevo para llenar”.